29 de marzo de 2010

Pareja estable


El pie derecho se queja siempre de que lo aprieto en la parte delantera. Intentando aliviar sus males, se introduce en mí con algodones y esparadrapo alrededor de los dedos. El resultado nunca es satisfactorio, pues al rato me sacude violentamente y voy a dar, con mi tacón de nueve centímetros, contra un extremo de la alcoba.

El pie derecho ha cumplido quince años conmigo. Al principio nos fue bien, pero un día ensanchó. Me acusa a mí de que sobresalga del pulgar un bulto con nombre bastante cómico.

De todas formas, el pie derecho me es fiel y noto que me quiere, aunque ya solo se arrime a mí cuando hay alguien delante. Advierto, entonces, que se enseñorea mostrándome y yo, que también albergo sentimientos, me ablando y esponjo, dejándolo tranquilo mientras presume.

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