14 de julio de 2010

La belleza de los lunes


A menudo coincido con un ser especial en el autobús. Él se baja en la parada más próxima a la Fundación Síndrome de Down y yo continúo mi trayecto. Suele ir solo, mirando el periódico gratuito, escuchando música a través de auriculares o hablando por teléfono. A veces lo he visto acompañado de colegas suyos. Charlan, hacen planes, bromean, se corrigen mutuamente... en fin, actúan como cualquier otro joven. 

Hace años, las personas con cuarenta y siete cromosomas apenas eran visibles. Las ocultaban en sus hogares, normalmente bajo el amparo de sus madres. Cuando alguien se refería a ellos, bajaba la voz y elegía con cuidado el sustantivo correcto (normalmente en diminutivo), acompañándolo casi siempre de un gesto entre lastimoso y condescendiente, pero en el fondo siempre distante, como queriendo dejar claro que “esas cosas” sólo les sucedían a otros y casi siempre por alguna causa imputable a ellos mismos. Se tenía cercana aún la idea del castigo divino, por la cual rara era la enfermedad, defecto o complicación que no fuera consecuencia de una ofensa hecha a los cielos. Ni que decir tiene, además, que aquellos defectos ajenos ni por lo más remoto entraban en el canon de belleza establecido. Eran feos, así de simple, además de anormales e inútiles.

Las cosas han cambiado bastante y hoy podemos verlos estudiando, trabajando, yendo a la compra e, incluso, encargándose de cuidar a sus parientes. La literatura y el cine ya los tiene presentes y hasta se comercializan muñecos con rasgos similares a los suyos. A esto se le llama normalización e integración, como espero ocurra con tantas y tantas cosas que permanecen aún a la espera de que les toque el turno. Para eso son muy importantes el respeto, la comprensión y una información no manipulada. Sólo así se consigue que aquello que lo que una vez fue extraño, pueda llegar a no serlo y que los penosos lunes nos brinden su mejor sonrisa. 

Nota: El cuadro que sirve de ilustración es de Joshua Reynolds y se titula “Lady Cockburn y sus hijos” Me fijé en el niño que aparece tras la madre.

Segunda nota: En la entrada se pueden cambiar las referencias al síndrome de Down por lo que el lector quiera (yo también he pensado en los hermafroditas, por ejemplo)

2 comentarios:

Marisa Santana dijo...

Que bonito Amparo... Yo tengo un amiguito de apenas tres añitos con down y es excepcional. Siempre tiene uma sonrisa y todavia no le he visto enfadarse por nada. Transmite una paz sin igual.

Marisa Santana dijo...

Que bonito Amparo... Yo tengo un amiguito de apenas tres añitos con down y es excepcional. Siempre tiene uma sonrisa y todavia no le he visto enfadarse por nada. Transmite una paz sin igual.