1 de diciembre de 2010

19:30


Hace años, viendo un programa de la RAI, se me heló el corazón al escuchar a Giulio Andreotti, entonces procesado por corrupción, justificarse y legitimar sus acciones en lo que para él era la naturaleza normal de la política. Vino a decirnos, a los idiotas de siempre, que todos los Estados, desde que el mundo es mundo, han tenido sus cloacas, sus cadáveres en los armarios y sus trapos sucios. Este anciano ha ocupado siempre cargos relevantes desde la segunda mitad del siglo XX, por lo que sabía de qué hablaba.
Esta semana la prensa se despacha a gusto con las últimas filtraciones de Wikileaks, que en algunos puntos afectan a España, concretamente en lo relativo a la guerra de Irak, el caso Couso, Guantánamo, etc. Como hace mucho que dejé de confiar en los políticos (la vez que confié nos metieron en la OTAN los mismos que se manifestaban conmigo a favor de la neutralidad), nada de lo supuestamente filtrado me sorprende, pero no quita que, en caso de ser cierto y como me ocurrió al escuchar a Andreotti, sienta una honda amargura y tremenda tristeza.
Vaya por delante que creo firmemente en la presunción de inocencia y que desearía con todas mis fuerzas que nada de lo aparecido en esos informes fuera verdad, pero parece que algo de realidad sí recogen, malgré tout. Así que respiren hondo, saquen el pañuelo o suspiren cuanto quieran, porque no ha cambiado nada desde los tiempos de Julio César. Nuestros dirigentes, que permanecen sentados cuando desfila la bandera estadounidense, al parecer intentan tapar la responsabilidad de los marines en la muerte de un cámara de televisión español. Nuestros dirigentes, que cuando estaban en la oposición enarbolaron el “no a la guerra”, siguen enviando militares a diferentes puntos bélicos del planeta. Nuestros dirigentes, que abrazan el principio de “justicia universal”, aparentemente están detrás del intento de que los tribunales no procesen a determinados americanos por un crimen de guerra. Nuestros dirigentes ponen velas en todos los altares, en aras de lo que para los diplomáticos norteamericanos, según Wikileaks, es un claro afán de no perder votantes.
En la obra teatral 19:30, de Patxi Amezcua, los personajes hablan de “sacrificar las torres para salvar a la reina”. ¿Quién será la torre?

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Comparto tu opinión. Resulta frustrante reconocer que solo importamos para hacer número, pero es lo que tenemos. Menos mal que hay gente como tú (y otros) que permanece receptiva y razonablemente alerta. Gracias por los buenos ratos que pasamos en clase leyendo tus cosas. Soy profesora del Departamento de Español y hacemos un seminario sobre prosa actual. Por lo que cuentas a veces, me parece que te dedicas a los temas legales, pero a lo mejor eres lingüista o actriz. Si tuvieras la bondad, alguna vez, de descifrarnos el enigma! Un abrazo desde la UCLA de California. Estela Rosemberg.

Amparo Quintana dijo...

Para mí es una verdadera sorpresa que me lean desde California y un verdadero honor que hayas dejado aquí tu comentario. Muchas gracias.
En cuanto al "enigma", quizá algún día... Seguid las pistas. Un abrazo para toda la clase y para ti, Estela.

Mar del Rey Gómez-Morata dijo...

Eso, eso, descifra el enigma ¿qué eres legalista o actriz? Difícil pregunta, como siempre un gusto leerte, entiendo que te disfruten aquí y al otro lado del océano