29 de marzo de 2011

Grullas zen


Hace un año que comencé a escribir estas entradas. Desde entonces han pasado muchas cosas, pero siento como si la tierra hubiese estado quieta, sin tan siquiera girar sobre sí misma. Al fin y al cabo, me azuzan hoy los mismos anhelos que hace doce meses. Será que a partir de cierta edad los cambios resultan imperceptibles.... epur si muove, que dijo Galileo.
Tras la desgracia que se cierne sobre Japón, se ha abierto una ventana de esperanza a través de la iniciativa de las mil grullas. Para quienes aún no sepan de qué se trata, les dejo este enlace donde informarse: http://las1000grullas.wordpress.com/. En el fondo, se trata de un ejercicio de paciencia, un mantra papirofléxico de buenos augurios, un acto de desapego. Cada vez que alguien pliega el papel hasta darle la forma requerida, eleva su voz en silencio, pidiendo clemencia a los dioses con un pueblo nipón tanta veces castigado. 

NOTA: Hoy también mando una grulla a Guerrero Zen del Té Rojo. Espero que se recupere pronto de una delicada operación a la que se sometió ayer.

3 comentarios:

Amparo Quintana dijo...

Sé que es poco ortodoxo añadir algo por la vía de los comentarios, pero no me importa. Resulta que mi padre me hacía muchas grullas de papel cuando yo era pequeña/adolescente. Me gustaban mucho y las guardaba entre libros y cuadernos. Pero les llamaba "pajaritas". Ahora me pregunto si mi padre formulaba algún deseo cuando las hacía y me las entregaba. Se lo preguntaré en cuanto tenga ocasión. Espero que se le hayan cumplido.

Dorita dijo...

Gracias por este año. Ánimo que aunque muchos seamos un numerito más, mudos sin dejar comentarios, nos gusta leerte :P

Amparo Quintana dijo...

Gracias, Dorita, por tus ánimos y piensa que para mí nadie es un número más. Sé que detrás de muchos silencios se esconden ideas y sentimientos importantes.