6 de agosto de 2011

Cortar amarras



Cuando cojo vacaciones, durante unos días me encuentro en el limbo, como esos espíritus que no han abandonado del todo el mundo carnal y dan vueltas por allí y por allá intentando encontrarse a sí mismos. Necesito un tiempo para acomodarme a mi nuevo estado, olvidar los tics del invierno y perdonarme las ganas de no hacer nada. Es una carrera con una meta bien definida: no saber en qué día vivo.
Creo, amigos, que a esa meta he llegado hoy mismo... Al fin estoy libre. 

1 comentario:

Guerrero Zen del Té Rojo dijo...

El ser humano es una especie paradójica, aquellos que se desviven por ofrecer un buen trabajo se tienen que pedir permiso para no hacer nada, y aquellos que se limitan a hacer lo que les cae en su trozo de suelo dan por sentado su derecho a poder pasar de todo.

Qué bueno sería un mundo sin relojes que nos susurren lo que nos estamos perdiendo mientras nos gritan la próxima tarea de una lista confeccionada por alguien que no nos conoce.

Disfruta de esas bien merecidas vacaciones!