21 de octubre de 2011

Dos noticias


Regreso a casa y escucho en la radio, por fin, una buena noticia: el cese definitivo de casi medio siglo de acciones terroristas.  Curiosamente, a mediodía recordé este artículo y esta entrevista, que he tenido bien presentes desde que los leí. Espero que nada se tuerza y que todo el proceso culmine en una solución aceptada por cuantos son parte en él. Aún queda trabajo, pero llevar la paz es el mejor de los trabajos.
Seguidamente me entero de que han matado a Gadafi algunos de esos libios que, durante décadas, estuvieron sometidos a los dictados de ese sátrapa (por cierto,  denostado o alzado por los gobiernos occidentales, según soplara el viento de los pozos petrolíferos y de las reservas de gas). En la tele veo gente alzar los brazos, bailar y hacer gestos de alegría por esta muerte. Pero yo, que en el colegio abjuré para siempre de las teorías tiranicidas, he sentido rechazo hacia esa manera de hacer justicia.
Son dos caras de una misma moneda, dos formas diferentes de cortar cadenas. Yo sé cuál elijo, ¿y tú?

14 de octubre de 2011

Otoño, luces y cambios


  
Probablemente la vida solo sean percepciones, es decir, una especie de espejo que refleja nuestros pensamientos. Si siento miedo, ¿acaso no me llegarán ocasiones de padecerlo? Si espero tranquilidad, seguro que encuentro un momento de sosiego.
Quienes me conocen saben que ahora comienza el año para mí. Cuando llegué a este mundo, mi primer olor, mi primer sonido y mi primera luz fueron otoñales, así que asocio esta estación con los cambios, con el fin de una etapa y el comienzo de otra, con la recolecta de cuanto hemos sembrado meses atrás y la posibilidad de mejorar a partir de ahora.
Estos meses de ámbar, en los que las luces se van achicando, me aportan cierto estado de gracia que me permite volar y mirar desde lo alto el maravilloso paisaje que se extiende ante mis ojos. Lejos de perderme en el laberinto, sé que entraré y saldré de él a mi antojo, ayudada por cientos de imágenes y sensaciones que se han ido amontonando, año tras año, en el limbo de mi memoria.
Sí, estoy de cambios. El otoño me ha regalado este año unos nuevos ojos para mirar las cosas desde otro ángulo, una sonrisa en el alma, para que nada me agobie, y la libertad de empezar de nuevo.

13 de octubre de 2011

Hay poetas


Desde hace años, el oficio de poeta es de los más olvidados. O si no, prueben ustedes mismos a ver qué imagen o idea es la primera que asocian cuando alguien pronuncia las palabras "escritor", "escritura", "libros", etc.  La mayoría de las veces acudirá a sus mentes la prosa, en cualquiera de sus múltiples variantes.
En una ocasión me contaron que un psiquiatra, entre las cuestiones que destacó de una persona para recomendarles a sus allegados una temporada de reposo y tratamiento, fue que escribía poesía. Las otras eran su religiosidad y su inclinación a lo bello. Esto ocurrió en la segunda mitad del siglo XX, por lo que podemos pensar qué suerte habrían corrido en manos de ese galeno santa Teresa de Jesús, san Juan de la Cruz o el sufí Yala al-Din Rumi.
Cuando, allá por los ochenta, los "Golpes Bajos" cantaban que eran malos tiempos para la lírica, algunos nos lamentábamos de que Gabriel Celaya se llevase para siempre su deseo de que la poesía fuera un arma cargada de futuro. 
Por eso estoy contenta de que este año se haya galardonado con el Nobel de Literatura al poeta Tomas Tranströmer, quien, por cierto, además de dedicarse a un arte minoritario, no ha dejado que una hemiplejia cercene su línea directa con el Parnaso.