3 de diciembre de 2011

Hasta aquí hemos llegado


He cerrado mis ventanas al desaliento, a la desesperación, a los temores colectivos, al sacrílego envite de quienes desayunan diariamente con la voz de los mercados. Y en la clausura me descubro conocedora de la vida, fértil en ideas y hasta capaz de detener la órbita del mundo.

1 comentario:

Orion dijo...

Enhorabuena. Si no damos importancia a las cosas, quizás éstas terminen por desaparecer.