4 de marzo de 2012

Virtudes cardinales: la fortaleza




Admiro a las personas que, cuando se les presenta alguna dificultad, se revisten de la flexibilidad que poseen los juncos para hacer frente a los vendavales. Valientes, que no temerarios, encaran los aprietos con la constancia que nace de sus propias convicciones y con la esperanza de ganarle la partida a los problemas. A menudo son tachados de bobalicones, pues vivimos en una sociedad que ensalza al descreído, pero ellos sobrevuelan los obstáculos con el vigor que les dicta su recta razón... y siempre triunfan, pues su naturaleza es paciente.

Me gustan esas personas que observan, callan y aguantan los reveses como esos muros centenarios que sobreviven a guerras, terremotos o incendios

2 comentarios:

Helen Ford dijo...

Precisamente por eso los juncos son fuertes, porque se vencen sin llegar a romperse.
La paciencia, hoy en día, es un valor raro de encontrar, difícil de practicar y maravilloso de alcanzar.
Quiero ser un junco.
Besos.

Amparo Quintana dijo...

¡Cuánta razón tienes, Helen! Bss,