28 de febrero de 2013

Miradas



Somos conscientes de que nos exponemos a las miradas de mucha gente. Desde el bebé que, sentado en su carrito, atraviesa nuestras lentes oscuras con sus ojos de hada, capaces de adivinarnos el pensamiento, hasta el funcionario que apenas levanta la vista y únicamente repara en nuestro bulto humano para despedirnos, devolvernos un papel sellado o instar a que nos acerquemos al mostrador. 

Al caminar, comprar un champú, tomar el ascensor, atravesar el parque o subir al tren, cientos de ojos nos rozan y en milésimas de segundo nos absorben. Todos hacemos lo mismo, por lo que debemos de tener la memoria inconsciente (o un recodo del cerebro que se le asemeje) repleta de caras.  

¿Qué ven de nosotros los extraños que nos miran? Supongo que los tacones hablarán de mí tanto como el currículum vitae, pero ¿cuánto hay de esta mujer en ambas cosas? Presiento que nuestra verdadera identidad se compone de miles de fichas y que, para completar el rompecabezas, se necesita vida y media. Mientras tanto, que sigan mirando, pero de frente.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

La superposición de identidades de las que habla Maalouf.
Lo triste es que cada vez menos gente mira de frente, todo es taimado, cosnpirador, de soslayo.Las personas cada vez menos nos decimos las verdades a la cara, quizás por cobordía o por evitar cualquier tipo de sufrimiento.
Me encanta tu blog. Saludos

Amparo Quintana dijo...

Pues no había pensado en Maalouf, pero puede que algo tenga de sus ensayo sobre las identidades (espero que no "asesinas"). Gracias, persona anónima, por leer y hacer comentarios.

Marisa Santana dijo...

Me encanta todo lo que escribes . Pero como desde un principio me acostumbré a leerte en silencio porque no podía hacer comentarios ! sabe Dios porqué!, pues ahora me atrevo tímidamente a escribir sin saber si se va a publicar.

Bss.

Amparo Quintana dijo...

Gracias, Marisa