8 de septiembre de 2018

El placer de estar ahí








“Si se limpian las puertas de la percepción, 
todas las cosas aparecen como son, es decir infinitas”
(William Blake)

El 22 de abril de 1912, Egon Schiele se encontraba encarcelado, injustamente investigado por dibujar cosas obscenas susceptibles de escandalizar y pervertir a los menores. A él le debemos una lapidaria frase: “El arte no puede ser moderno; el arte es eterno”.

En efecto, al hablar de arte, no podemos escudriñarlo como se hace con una bacteria al microscopio, pues la obra artística trasciende de clasificaciones. Existen cuadros, frescos o esculturas cuya data solo aporta información acerca del momento en que sus autores tuvieron el gusto o el coraje de hacerlos, pero suscitan las mismas emociones a los ojos de sus coetáneos que a los de generaciones posteriores. A veces decimos que esto o lo otro no fue entendido en su tiempo, pero he llegado a la conclusión de que lo que conturbó en 1900 también es capaz de hacerlo en 2018. 

El arte es eterno y, así, el Goethe de 1786 anotó el 3 de diciembre de aquel año que empezaba a gustarle la antigüedad romana, su historia, las inscripciones, monedas y todas las cosas que, según él, le habían hecho sentir lo mismo que su amor por las ciencias naturales. Como no acertaba el alemán a quedarse con un aspecto de Roma, zanjó la cuestión escribiendo ese mismo día que era el entorno lo que le hacía sentir y experimentar el placer de estar ahí. 

Eso es el arte, el entorno de lo bello, de lo apriorísticamente inútil, de la necesidad de lo innecesario. Lo mismo lo configuran las manos de un orfebre que la tinta del bolígrafo de quien escribe versos... y nos envuelve en un viaje sin billete de vuelta. 


©️Fotografía: A. Quintana. Paestum, 8 de agosto de 2018.



11 comentarios:

Anónimo dijo...

Y su palabra es eterna, amiga Amparo. Gracias por estar ahí.

Anónimo dijo...

Precioso, Quintana.

Anónimo dijo...

Además de escribir estupendamente, haces unas fotografías muy buenas. Está claro que tienes ojo artístico.
Hace mucho que no nos vemos y se te echa de menos en Facebook (dese que te fuiste, yo ya ni entro, pues tus cosas eran de las más interesantes). Un beso.
Rosa.

Anónimo dijo...

Que alegria despertar y encontrar un aviso en mi tablet señalando que has escrito!!
Me encanta, Amparo.
Un saludo muy afectuodo de tus amigos de Nuevo León

Amparo Quintana dijo...

Muchas gracias a todos por leer este blog y por dejar vuestros comentarios.
Saludos.

Mar Del Rey dijo...

Cada vez siento más necesidad de lo innecesario. Precioso tu texto, Amparo.
Gracias por compartir esa profundidad tuya tan parecida a la foto del templo de Poseidón

Amparo Quintana dijo...

Me alegro de que te guste, Mar. Lo innecesario se convierte en vital para quienes han sabido discernir qué es lo importante para estar en paz con uno mismo.

Andrés Vázquez / @AlénMediaGroup dijo...

A finales de la II Guerra Mundial (1939-1945), a un selecto grupo de historiadores, directores de museos y expertos en arte, tanto británicos como norteamericanos, se les encomienda la importante y peligrosa misión de recuperar las obras de arte robadas por los nazis durante la guerra para devolvérselas a sus legítimos propietarios. Era una misión imposible: las obras estaban muy bien custodiadas y el ejército alemán tenía orden de destruirlas en cuanto el Reich cayera. Pero aquellos hombres, en una carrera contrarreloj, arriesgaron sus vidas para evitar la destrucción de miles de años de cultura de la humanidad.
https://youtu.be/XztV7-l4RWg

Marisa Santana dijo...

Que bonito leerte y acordarme de ti en estos momentos.
Que razón tienes mi querida amiga, lo importante que es encontrar la paz con cada uno y fijarse en esas pequeñas cosas que te hacen feliz.

Un abrazo y millones de besos.

MS

Amparo Quintana dijo...

Muchas gracias, Marisa. Besos

Amparo Quintana dijo...

Así es. He leído algo al respecto y también vi la película que hicieron hace unos años.
Gracias por leer mi blog y comentar.