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8 de septiembre de 2013

Ilusionistas de tercera




Seguramente que esa costumbre se remonta a antes de los romanos, pero es a ellos a quienes debemos la conocida frase de “panem et circenses”. Raro es el régimen que no recurre a ello alguna vez, generalmente para aplacar la contestación pública y desviar la mirada puesta en los problemas sociales. Pero que lo hagan muchos no lo legitima, como tampoco blanquea sus fines espurios movilizar a legiones de ciudadanos para que atoren las calles y coreen idénticos eslóganes, normalmente de cariz patriotero y un tanto chusco.

En mi país y muerto en cama el franquismo, algunos creyeron que esta costumbre de soltar migajas lúdicas a la población se terminaría. Pero cuál no sería la sorpresa al observar que quienes pusieron en solfa aquellos usos y artimañas también se han valido de lo mismo cuando pensaron les hacía falta. Todos los gobiernos surgidos a partir de noviembre de 1975 han emulado en algún momento a los emperadores romanos y, para más infamia, no han faltado ayuntamientos ni comunidades autónomas que no hayan hecho lo propio en ciertos momentos, bien subvencionando (cuando se podía) eventos de todo tipo o inaugurando bobadas inservibles. Y lo peor de todo es que jamás han faltado medios de comunicación dispuestos a halagar tales prácticas.

Me había propuesto no escribir acerca de la candidatura olímpica para 2020 porque, como carezco en general de entusiasmo por los fastos y de afición deportiva en particular, llegué a pensar que no era persona idónea para hablar de ello con un poco de distancia. Ahora bien, tampoco he matado nunca a nadie y, sin embargo, puedo mantener una conversación más o menos documentada acerca de la pena de muerte, por ejemplo.  Así que, con todo el respeto hacia quienes disientan, no puedo sino comentar que, una vez más, han vendido un humo que ha servido para nublar la suciedad de las calles, la bancarrota de tantas familias y empresas madrileñas, el mercadillo donde se subastan al mejor postor servicios públicos indispensables, una corrupción que salpica a las más altas instancias del Estado y, en definitiva, la falta de interés de sus regidores porque las cosas cambien de verdad y mejore España.

Por su parte, el COI, que carece de vocación caritativa y prefiere lo tangible a las fumarolas, se dio cuenta de que en la chistera de estos ilusionistas no había paloma y que el bastón no podía trocarse en pañuelos de colores, por más que lanzaran desde hace meses mensajes como “Madrid se merece estos juegos”, “somos la candidatura más potente” y simplezas por el estilo. Por eso mismo, me pregunto a qué flautista contrataron para conducir ayer a centenares de ciudadanos hasta la Plaza de la Independencia, para aguardar, algunos con los colores patrios pintados en las mejillas, a que se cumpliera el  vaticinio, como si fuera cierto que las olimpiadas traen prosperidad a quienes no somos deportistas, políticos, hosteleros, constructores o intermediarios en todo ese circo. Sin embargo, les cayó un chaparrón que no vino del cielo ni del comité olímpico ni de la austeridad esgrimida por la alcaldesa, sino del propio papanatismo con que aquí, en este país, se reacciona ante los proyectos de papel.

Y como soy aficionada a las metáforas y a los juegos de palabras, me resulta curioso que los sueños de mis convecinos se desinflaran anoche en esa Plaza de la Independencia. Ojalá sea un augurio de emancipación respecto de los manejos de tanto ilusionista sin prestigio.

27 de agosto de 2013

Crónicas rumanas (I): Tras la puerta




Cuando cayó el muro, surgieron hermosas puertas que franqueaban el paso a cuanto durante años nos pareció exótico y desconocido. Curiosamente, muchos pensaron que esas aberturas eran de una sola dirección, es decir, una especie de paso franco para que los habitantes de la parcela occidental pudieran acercase a la Europa del Este, instalar allí sus negocios, fabricar a más bajo coste y, a la par, inocularles el virus del consumismo, creando para ello las mismas necesidades ficticias que asocian el paraíso con un refresco de burbujas, unas joyas o un coche.

Ahora que el capitalismo ha entrado en fase crítica, tras la puerta transilvana me he encontrado rumanos de Pozuelo o La Rioja que, haciendo de la necesidad virtud, han regresado a sus lugares de origen y, a la entrada de una iglesia o en un parque, prefieren hablarte de los años de bonanza entre nosotros, saltándose los muchos episodios de humillación e injusticia que también padecieron.

Charlando con ellos, pienso en los judíos que todavía guardan la llave de una puerta que sus ancestros tuvieron en Sefadad y no puedo más que dejar la mía entornada, para cuando regresen. 

NOTA: La fotografia está tomada en Biertan.

18 de abril de 2013

Cuando los cines cierran




La distribuidora “Alta Films” está en apuros. Desde hace años, viene ofreciendo a la gente, a través de una red de establecimientos por varias provincias, una programación en general de calidad, muy volcada en el cine de lo que yo llamaría “autor con tirón” y en productos españoles e iberoamericanos. Tengo que aclarar que no son mis cines favoritos, aunque acudo a los Renoir y Princesa de Madrid regularmente. Tampoco son mis salas predilectas, pero ocupé una butaca el segundo día que abrieron al público y las prefiero a otras muchas. No comparto el tinte comercial de algunas de sus propuestas, pero también he visto allí bastantes de los mejores filmes de las últimas décadas y algunos de los más interesantes y novedosos.

Si nada lo remedia, de las doscientas salas que en la actualidad regenta “Alta Films”, en fechas próximas quedarán solo veinte y creo que este suceso no debe evaluarse solamente en clave de gestión empresarial, porque cuando los cines se cierran la sociedad queda herida y se empobrece. Las medidas económicas que incrementaron en mi país, de manera abrupta y desmesurada, el IVA destinado a eventos y productos culturales, recortando paralelamente salarios y pensiones, empieza a echar sus frutos: menos dinero, menos entradas vendidas. No hacía falta ser una lumbrera para percatarse de eso hace un año, cuando los artífices de tamaño despropósito se frotaban las manos pensando que así iban a recaudar mucho más. Me temo que jamás sabremos el nombre completo del genio que ideó ese plan, pero propongo llamarlo diablo, pues diabólico es todo lo que acontece en España de un tiempo a esta parte.

Me indigna que la crisis económica se lleve por delante los reductos que nos quedan a quienes preferimos estar a solas con una película y observar el mundo a través de la mirada personal de quien la dirige y, si es en la lengua que hablan sus actores, sin doblajes y sin cortes, muchísimo mejor. Lamentablemente, desde que la memoria me alcanza, he visto demasiados cines convertirse en supermercados, bingos, almacenes y cafeterías, cuando no algo peor: pasto de piqueta. Para quienes comparten mi ciudad, probablemente habrán disfrutado o escuchado hablar del Imperial, Palacio de la Música, Tívoli, Benlliure, Salamanca, Marvi, Victoria, Aragón, Barceló, Covadonga, Azul, Rex, Texas, Roma, Príncipe Pío, Universal, Bilbao, Fuencarral, Vox, Proyecciones, Velázquez, Albéniz, Oráa y tantos otros. Algunos, los más afortunados de los cines, sobreviven disfrazados de teatros, pero quienes un día nos sentamos frente a sus pantallas, percibimos aún el aroma de tantas tardes cargadas de imágenes e historias en movimiento.

Son legión las personas que se han formado con películas al calor de una sala oscura y en compañía de gente anónima, que aprendieron a ser amables, a amar, a colocar en el mapa Tokio o Melbourne, a diferenciar un coyote de un dingo, a bailar y a imaginar mundos distintos. Existen cientos de realizadores cuyas obras únicamente son exhibidas en salas como las de “Ata Films”, pues otras distribuidoras se decantan por productos más rentables a corto plazo. Y no me refiero solo a autores noveles o ignotos, sino algunos sobradamente conocidos, como Woody Allen, Abbas Kiarostami, Manoel de Oliveira, John Waters, etc., cuyas pelis muchos aficionados esperamos con emoción a que se estrenen o repongan.

El cine es arte, es pasión, es cultura y es una forma de ser mejores. Por eso, cada cine que se cierra es una vuelta a las cavernas.


25 de marzo de 2013

Animales y alimañas




Esta mañana he sabido que el toro Ratón se ha muerto. Para quienes no estuvieran familiarizados con el astado, les diré que se trataba de un animal famoso por su fiereza y bravura en festejos, saraos y celebraciones patrias. Los ayuntamientos y pedanías se peleaban por contar con Ratón entre sus atracciones porque, pásmense, tenía en su haber un buen número de heridos y algunos fallecidos. Es decir, el caché del animalito subía a la misma velocidad que la adrenalina de cuantos mozos y mozas salían a gritar, empujar, dar patadas o saltar por encima del morlaco. Bien es sabido que hay quienes no se divierten si no es demostrando a la comunidad su osadía y arrojo, resto sin duda atávico de cuando nos esperaban fieras espantosas a la salida de nuestra cueva y teníamos que darles muerte para alimentarnos o simplemente seguir vivos. Ahora bien, entonces nos cubríamos con pieles y ahora lo hacemos con pantalones y camisetas de marca.

Mientras escuchaba la noticia, he pensado en el toro y el nivel de estrés que habrá acumulado a lo largo de sus correrías por plazas, pueblos y aldeas. ¿Merece la pena hacer sufrir así a un ser vivo? ¿Hasta cuándo seguiremos los españoles festejando cualquier cosa con el sacrificio de un animal? Aunque el regodeo y el espectáculo de mis compatriotas no haya sido la causa directa del fallecimiento del bovino, no puedo por menos que empatizar con él y sentir por unos instantes cómo sería mi vida si me obligaran a embestir continuamente, salir corriendo tras las piernas y brazos de gente que vocifera y me pega, huir de cigarros encendidos que me acercan a la piel, aguantar cubos o manguerazos de agua fría, resbalarme por calles pegajosas y malolientes, soportar alguna que otra vomitona a escasos metros  de mí y, además, sobrellevar como pueda el apelativo de “asesino”.

Si esto es acervo popular, yo elijo otro camino.

De blogueros y nominaciones




Hace unos días me enteré de que habían nominado esta bitácora que ustedes leen para el premio Liebster Awards. Se trata de una acción interbloguera, dirigida a aquellos cuadernos virtuales con menos de trescientos seguidores, es decir, una forma de reconocer a los más humildes que, a pesar de la modestia de medios y alcance, alguien los lee y los sigue.

Lo primero de todo y para cumplir fielmente los mandatos de esta nominación, quiero agradecer a Mar del Rey que me haya nombrado. Además de ser una persona estupenda, se merece triunfar en la carrera literaria que emprendió hace unos años. Sé que los dioses están con ella y bastantes mortales también.

Asimismo, tengo que contestar las once preguntas que me hace y una, que no ha venido al mundo precisamente para ser famosa, intentará salir airosa de esta prueba, teniendo en cuenta de que alguien podrá analizar con lupa sus palabras durante los más de cincuenta años que pueden perdurar en el espacio internauta. Estas son las cuestiones:

¿Cuál fue el primer blog que te enganchó? Mar Abierto.
¿Qué te llevó a escribir un blog? La insistencia de alguna amiga.
¿Cuál es tu finalidad escribiendo un blog? Plasmar por escrito cosas que me preocupan o llaman la atención. El nombre “Tildes y Acentos” tiene que ver con esas cosas pequeñas que, sin embargo, pueden cambiar el sentido de una palabra. Para mí, tildar un determinado hecho o nombrar las cosas bajo diferentes acentos enriquece la visión de la realidad. En el fondo, es una manera de rebelarme contra los acentos y las tildes de quienes pretenden marcarnos la vida.
¿Cómo encuentras la inspiración para escribir tus posts? Noticias, conversaciones que cojo al vuelo por la calle, un color, un paisaje, cualquier olor…
¿Qué tipo de blogs te gusta leer? De todo un poco, siempre que transmitan la honradez y autenticidad de quienes los escriben.
¿Te ha despertado algún tipo de interés el participar en la red de manera activa? Ningún interés concreto, aunque pienso que, en el fondo, cierto afán por dar a conocer lo que escribo. Por cierto, hasta que empecé el blog, mis afanes literarios iban por la ficción y la poesía. Jamás pensé que pudiera derivar a esta crónica de la realidad.
 ¿Qué te aporta personalmente el escribir tu blog? Salir de mi enclaustramiento mental, cambiar de aires cerebrales y variar el estilo. Debe comprenderse que me dedico a cosas más profanas que me obligan a leer y escribir textos con cierta metodología y dentro de unos parámetros determinados.
 ¿Cuál es tu aportación especial? Ser yo misma.
¿Cómo te inspiras para escribir? Creo que he contestado antes algo parecido: noticias, charlas, paisajes…
¿El mejor consejo que le darías a un no iniciado sobre blogs? Si es para leerlos, que sea respetuoso con los valores y el estilo de su autor o autora. Si lo que pretende es escribir uno, que se deje llevar y se divierta.
¿Por qué crees que te han nominado? Porque, en el fondo, a mi “nominatrix” le hacen gracia mis cosas.

En cuanto a los blogs que nomino, debo decir que algunos de los que más me gustan ya están nominados. Supongo que no pasaría nada por volver a respaldarlos, pero también hay que dar oportunidad a otros. Así pues, son estos:  Partisana Carteles por el mundoExcentricidades de la Emperatriz Penca Otro blog de poesía La entretenida  El otro noroeste Stultifer La Vie en Noir  EfimeríasNoticias y punto Maribel Pont

Y por último, ahí van mis once preguntas a los once nominados:

¿Por qué escribes un blog?
¿Cómo surgió la idea de empezar a escribirlo?
¿Quién te gustaría que te siguiera y aun no tienes constancia de que lo haga?
¿Qué aporta tu blog al panorama general?
¿Cuántos blogs ajenos sigues?
 ¿Por qué piensas que te he nominado?
¿Has escrito algo en tu blog de lo que luego te hayas arrepentido?
¿Cuál es el comentario, si se puede decir, que más te haya dolido?
¿A quién recomendarías tu blog?
Si no fuera tuyo, ¿seguirías tu blog?
¿Tu blog tiene fecha de caducidad o lo concibes como algo eterno?

Espero que esta iniciativa sirva al menos, para mantenernos vivos y no acabe yéndose por la alcantarilla. Gracias por vuestra paciencia y hasta otra.