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24 de junio de 2010

Año Nuevo


Con el solsticio de verano se cierra un ciclo. La luz empieza a menguar y el estío abre un paréntesis en nuestras vidas. Nunca entendí por qué celebramos la llegada de cada nuevo año en enero, cuando lo lógico sería hacerlo conincidir con las fechas en las que ahora nos encontramos. De hecho, durante la noche de San Juan, la costumbre es quemar y desprendernos de todo aquello que nos resulte pesado, molesto o desagradable, renaciendo más limpios y ligeros. Se trata, en suma, de un rito de purificación.

Para el misticismo y la interpretación hermética de algunos monoteísmos, el 21 de junio está marcado por el agua (S. Juan Bautista), que arrastra los yerbajos y la maleza que nos impiden avanzar. Con él llega el recogimiento (se encogen los días), en paulatina preparación para la crecida de la luz, a partir del solsticio de invierno (las saturnales romanas, nuestra Navidad).


Todos hacemos balances y propósitos cuando llega el verano. Interiormente señalamos esa frontera en el calendario. Por eso os deseo que tengáis un FELIZ AÑO NUEVO.


10 de junio de 2010

Identidad de identidades


Es importante tener conciencia de lo que somos, porque así podremos saber más acerca de nuestras limitaciones y actuar en consecuencia. Nosce te ipsum (conócete a ti mismo) pone en el frontispicio del templo de Delfos, lo que viene a decirnos que debemos pasarnos la vida procurando ser auténticos y honestos con uno mismo, sin caer en espejismos y apartándose de las empresas inalcanzables. ¿En eso consiste la felicidad? A lo mejor sí. Se me antoja, además, una tarea continua, porque creo que las circunstancias y los momentos nos van moldeando. En fin, que tenemos ocupación para mucho tiempo... Desde este punto de vista, la identidad sería ese conglomerado de trazos propios que nos caracterizan y llegan a diferenciarnos de otras personas, aunque sean muy parecidos a los de ellas. Me pregunto si, desde este punto de vista dinámico y evolutivo, podemos desarrollar varias identidades, como quien pertenece a distintos clubes, o por el contrario albergamos dentro la esencia de lo que somos.

¿Cuál sería mi esencia? Una vez me asomé al espejo que porta en su mano el mono de Heidelberg y vi algo gracioso. ¿Será el humor?

8 de junio de 2010

De arañas

Tengo entendido que algunos cosmonautas, en sus misiones, se han llevado arañas para observar su comportamiento. Parece que la falta de gravedad las lleva a tejer unas telas sin pies ni cabeza, muy alejadas de la estructura geométrica a que nos tienen acostumbrados aquí en la Tierra. Vamos, como si la abuela hubiese tomado algo raro y llenara la labor de puntos sueltos y enloquecidos dibujos. Cualquiera de mis yayas habría quedado muy poco satisfecha del resultado de su trabajo y, a decir verdad, me las imagino deshaciendo el paño, el cojín o lo que tuvieran entre manos, hasta que la hazaña saliera de su gusto. Pues lo mismo les ocurre a esos artrópodos, porque al cabo de los días empiezan a acostumbrarse a su nuevo hábitat y vuelven a entrelazar sus hilos a la manera clásica. Pero, hasta que se acostumbran, ríanse del ácido lisérgico.

Hay personas que viven como arañas, desplegando redes donde los demás puedan caer y con el único propósito de engullírselos, es decir, de que desaparezcan. Trenzan sus tramas a base de sutileza y disimulo. Atraen a la víctima con artificio y astucia, casi siempre valiéndose de algo que pueda cautivar al futuro mártir, que la mayoría de las veces no se percata de su infeliz destino. ¿Quién no se ha topado alguna vez con una araña humana? Por eso se me ocurre que, a lo mejor, cambiándoles el sentido de la orientación, hilarían trampas defectuosas y podríamos escaparnos por los agujeros. Resumiendo, contra la manipulación, jugar al despiste. Con un poco de suerte, esas personas se pierden en su propia confusión.

Nota: A la memoria de Louise Bourgeois, cuyas arañas no pican, pero hacen pensar.

5 de junio de 2010

Grandes simios


La especie humana siempre ha tenido bastante de egocéntrica, en el sentido de que nos creemos los reyes del paraíso, los dueños y señores del orbe. Todo gira en torno a nosotros, hasta el punto de que en un tiempo ideamos dioses que imitaban nuestro comportamiento (ahí están Artemisa, Zeus o Afrodita) y luego nos dio por pensar que éramos nosotros los que estábamos hechos a imagen y semejanza suya (el monoteísmo es lo que trajo) Cualquier argumento es propicio, en definitiva, para salir a bailar a la pista a bastante sobraditos, sin atender siquiera a la orquesta, porque es ella la que debe seguirnos y amoldarse a nuestro ritmo.

Cuestiones filosófico-religiosas aparte, quien más quien menos se quiere tanto que se pasea por este mundo sin cuestionarse sus actos, pero, eso sí, poniendo muy a menudo en solfa los del vecino. Creyéndonos los reyes de la creación, hemos diezmado bosques y selvas, aplastado especies animales, agotado acuíferos, variado el paisaje, mudado el clima... Y lo peor de todo es que pensamos que la responsabilidad es ajena.

Mientras tanto, estamos condenando a gorilas, chimpancés y orangutanes a una vida que no buscaron, para que nuestros preciosos simios sapiens arramplen con todo, hasta con los cuatro lirios que el alcalde de Madrid ha puesto en el Manzanares, porque el mono tiene derecho a bañarse donde le dé la gana.



Nota: Hoy es el día mundial del medio ambiente y, aunque soy bastante escéptica respecto a estas conmemoraciones, valga al menos para reflexionar sobre todo lo que va a perderse por la acción directa de las personas.

31 de mayo de 2010

Hooper, blues y el Alphaville

Ahora lo llaman Km 0,8 e intenta abarcar un cuadrante donde conviven en Madrid varias salas cinematográficas, la mayoría de un mismo dueño. Pero al principio sólo fue el Alphaville, que ya ni existe como tal. De todas formas, a veces se nos escapa su antiguo nombre y, en vez de denominar al cine que ocupa su lugar con su nuevo y legítimo apelativo, sale de nuestra boca un mantra que vuelve a evocar la ciudad alfa de Godard.

Una de las primeras películas que vi allí fue “El amigo americano”, de Wim Wenders, con un Dennis Hooper tan soberbio, que a partir de entonces me hice adicta a sus interpretaciones (me pasa con muchos artistas; soy promiscua en lo cultural) No sé si por casualidad o qué, pero la fortuna quiso que fuera en ese local y no en otro donde mi persona viera casi todos los filmes de tal sobresaliente actor y, claro, no pude por más que acudir en su día al estreno de “Caído del cielo”. La amargura de su argumento, las pinceladas incestuosas y el dolor de los personajes los recibí hábilmente subrayados por los blues de Neil Young y otros músicos, todo ello mezclado en armónica cadencia con las sombras blancas de la cinta.

Para mí Dennis Hooper no ha sido sólo un maldito, como desde ayer apuntan periódicos y foros. Forma parte de mi andadura personal, de mi modesto aprendizaje, de mi pirueta vital. Por eso, siento que con su recientísima muerte he cerrado para siempre la puerta del veterano Alphaville.

28 de mayo de 2010

El payaso cojo


Algunas veces he visto a un payaso realizar toda una suerte de malabares y equilibrios aprovechando los cambios de semáforo. Concretamente, me lo suelo encontrar en Mateo Inurria con Plaza de Castilla y en Virgen del Puerto con calle Segovia. Cuando el disco está en rojo y los coches se detienen, ese muchacho aprovecha para hacer piruetas, jugar con pelotas y esbozar siempre la mejor de sus sonrisas. Lo veo muy profesional, entregado a su trabajo, concentrado en lo suyo.

Los payasos caen bien en general y, encima, éste tiene bastante mérito, pues le falta la pierna izquierda y, aun así, no hay quien lo gane en hacer el pino, sostenerse sobre un solo brazo o caminar cabeza abajo. Sorprende su pericia, que denota no poca fuerza de voluntad y muchas horas de entrenamiento. Este payaso no lleva muletas, se traslada de la acera a la calzada a saltos sobre su único pie y da la impresión de que nadie lo ayuda, pues siempre lo he visto solo.

Cuánto me acordé ayer de él, pues anduvieron cojos en el hemiciclo parlamentario, aunque allí todos se sirvieron de trucos y muletas.






Un voto, please

Un solo voto es muy importante. Quien diga lo contrario, miente u oculta algo. Por un voto se aprobó ayer en el Congreso un controvertido decreto gubernamental. Como todo el mundo conoce de qué se trata, eludo repetir la noticia que ha abierto telediarios y sido portada de periódicos. Me pregunto qué legitimidad profunda puede dar un solo voto de más, pero así son las reglas del juego que tenemos. C’est la vie! En cualquier caso, pone de relieve la notable división que existe en temas que deberían concitar un verdadero consenso. Pero, insisto, estas son las pautas con que nos regimos y permiten que, por conseguir un voto más que los adversarios en las próximas elecciones, los diputados hicieran ayer lo que hicieron. En fin, no me negará nadie que esta gente siempre está en campaña. Se trata, pues, de mantener posiciones, de dar buenos cuartos al pregonero (de las radios y demás medios) y seguir a lo suyo, que es sumar adeptos.

De esta forma, por continuar congraciados con potencias que en esta crisis  económica únicamente persiguen sus intereses particulares, los que gobiernan  nuestro país defendieron lo que hasta entonces se libraban mucho de justificar.

En cuanto al resto, tampoco se salvan: buscando tu voto o el mío, la oposición se libró de aportar mejores ideas. Por un voto, los convergentes se abstuvieron. Por un voto, los minoritarios opinaron en contra. Por un voto, por un voto, por un voto... Para que luego pienses que tu papeleta no vale. Pues algo ha de importar, cuando se la disputan tanto. Y es que, traducido a escaños,  cuando los problemas aprietan, a veces las cosas se “ganan” por un solo voto.




            

27 de mayo de 2010

Lo que bien empieza...


Sé de parejas que se sumergen en los preparativos de su boda con muchos meses de antelación. Ya no es solo la casa, sino el traje (de la novia, por supuesto), el menú, la fiesta, los invitados, el viaje y cien cosas más. Me han hablado de iglesias que tienen todas las fechas reservadas hasta dentro de tres años, aunque siempre he pensado que esto es porque casi todo el mundo quiere casarse en los mismos días y a las mismas horas. Supongo que si alguien quisiera dar el paso canónico un lunes lectivo, por ejemplo, a las once de la mañana, no habría problema.

Entiendo que es un día importante, para compartir con los allegados, disfrutarlo como si el mundo se hubiese detenido y sólo importaran quienes sellan su compromiso ante las miradas de familiares y amigos. Comprendo que el casorio convierte a estas personas en protagonistas de una película cuyo guión han elaborado ellas mismas, en el difícil intento de que un acto social tan extendido desde siglos remotos, lleve sin embargo algún sello personal.

Pero he aquí que, a veces, el marchamo de autor no lo imprimen quienes se casan, sino hechos externos, casi siempre inesperados y, por lo tanto, extraordinarios. Me imagino que la pareja de la fotografía supo apreciar el alfombrado que "le regaló” MoviStar tan venturoso día y, por eso, se retrataron gustosos, ajenos a las riadas de gente que caminaban por esa Gran Vía azul de la que ya he hablado en este mismo blog. Yo les robé la instantánea de lejos, mientras posaban ante su fotógrafa. Viendo la imagen, quiero apostar por su felicidad, pues me sugiere que son capaces de amoldarse bien a las circunstancias y de saber aprovechar las buenas ocasiones.





25 de mayo de 2010

Ballesta Connection


Existía hace tiempo un cancioncilla universitario-juvenil que, en una de sus estrofas, decía “La calle de la Ballesta la van a desinfectar. Envueltos en las sombras, caminan muy felices cuarenta y cuatro grises...” La referencia a las redadas policiales estaba más que clara y obedecía a que la suerte dispuso para esa señera vía un porvenir de sofá y bidé, encajes y colonia espesa. Esta calle forma parte del que ha sido durante muchísimos años el corazón rojo de la cuidad y en él, desde hace relativamente poco, un grupo de diseñadores y artistas jóvenes han ocupado algunos de los antiguos meublés para exponer y vender sus obras, mayoritariamente enmarcadas en el mundo de la moda.

Uno de aquellos lupanares va a ser derribado próximamente, pues parece que el edificio no aguanta muchos trotes más, al menos para la oficialidad. Se trata del inmueble que aparece en la fotografía y, como puede observarse, la fachada fue decorada por sus actuales moradores con motivos chinescos, en concordancia con el rótulo comercial del local abierto en sus bajos (“La maison de la lanterne rouge“) Como despedida, el pasado fin de semana se montó una fiesta artística en la primera planta de la casa. Varios creadores reinterpretaron el prostíbulo de antaño, cuyas paredes aún destilan olor a confidencia, asueto y regocijo, pero también a silencio, amargura y destierro.

Entre el laberinto de pasillos, puertas y cortinas, me topé con un reportaje fotográfico donde aparecía, como modelo, un chico que me resultó familiar. Te cruzas con tantos rostros al cabo de los días, que de primeras no caes en la cuenta de quién es ese que te va mirando desde el cristal que protege su imagen: aquí enfundado en unos pantalones de impecable corte, allí con una camisa de cuello imposible y en aquel otro rincón asomando su naturaleza de diva austriaca.

Pero de pronto se te hace la luz interna y te dices: ¡es mi vecino, el que madruga tanto como yo, el que hace la compra con carrito, el que vive con ese chico tan...! Y también caes en la cuenta de que, más allá de un intercambio de saludos, jamás has cruzado una frase con él, ni para hablar del tiempo. Me pregunto si la próxima vez que coincidamos en el portal será como siempre, o flotará en el aire un suave rumor a “Ballesta Connection”

19 de mayo de 2010

La flauta mágica o movimiento de capitales

Mientras llegaba a casa, he visto a un flautista callejero. En el suelo, un gorro con la boca abierta en actitud pedigüeña. Al lado, un perrillo que se lamía las patas. Lo normal... Pero, al escuchar las notas que se iban encadenando en el aire, he sonreído para mis adentros: estaba tocando "A las barricadas" y de verdad que lo hacía muy bien.

Me he parado frente a él, le he dicho algo a su acompañante canino y, mientras sacaba el monedero, dos monjas le han soltado un billete de cinco euros. Así que no he podido por menos que asociar el himno ácrata que ejecutaba el músico con la equis en la casilla de la declaración del IRPF y me he dado cuenta de que, para acto libertario, el de esas dos religiosas.

17 de mayo de 2010

Criaturas

De un tiempo a esta parte, papá Estado se preocupa mucho de nosotros: no fume, beba agua a todas horas, haga deporte, no lo haga con calor, rebaje el consumo de sal, tome cinco raciones de  frutas y verduras al día.... ¿Le suena? Vaya por delante que jamás en mi vida he fumado, ni bebo alcohol desde hace años y, por si esto fuese poco, buena parte de mi presupuesto lo gasto en fruterías y herbolarios (no por moda, sino porque siempre he sido más herbívora que omnívora, ¡nadie es perfecto!) Pero han pasado bastantes años desde que me hice mayor de edad y los consejos de mis padres dejaron de ser órdenes, para convertirse en sugerencias y opiniones, con mi correlativo derecho a discrepar cuando estimo que andan equivocados.

En el uso del lenguaje también se nos dicta cómo hay que hablar y escribir, no porque los políticos estén precupados por la cantidad de soeces que la gente es capaz de decir en una frase corta, ni por los errores ortográficos que salpimentan letreros públicos, rótulos de telediarios y noticias de periódico. No, eso no les preocupa. Lo que quieren es darnos visibilidad a las mujeres, lo cual resulta encomiable, ya que durante siglos hemos estado apartadas del lugar que nos correspondía, pero nos lleva demasiadas veces a situaciones bastante chuscas, por no decir demenciales.

De sobra es sabido cómo se construye en español el plurar genérico, así como la posición de la RAE sobre el abuso de determinadas fórmulas reiterativas y el empleo de arrobas sin ton ni son (@ es la abreviatura de la cuarta parte de un quintal; nada que ver, por tanto, con el lenguaje, sino con las unidades de pesas y medidas) No obstante, la corrección política lleva a muchos a traicionar su lengua y a construir frases que, de seguir así, nada tendrán que envidiar a las que, injustamente, los directores de western antiguos ponían en boca de los indios. Al hilo de esto, la última (por ahora) recomendación ministerial consiste en aplicar el termino "criaturas" a los recién nacidos, composición gramatical esta que debemos desterrar. A mí no me parece mal que se amplíe el vocabulario del españolito medio y que se nos recuerde que una acepción de la palabra "criatura" se refriere a los bebés (no sé si ahora estará bien visto decirlo así) Todo sea por la educación del pueblo. Aunque, lamentablemente, estas invitaciones a utilizar la lengua en un determinado y dirigido sentido nos llevan al encorsetamiento y empobrecimiento de la misma. Se ha perdido en España el gusto por la precisión léxica (¡cuánto envidio aún a los hispanoamericanos!), por no hablar de la semántica. 

Volviendo a las "criaturas", así se ha designado muchas veces a los fetos y a cualquier persona a la que se haya querido tratar de manera peyorativa o burlesca: en los anales de nuestra historia reciente quedan las referencias de Joaquín Leguina a Alberto Ruiz Gallardón como "la criatura". Pero la criatura de las criaturas, la criatura por méritos propios, el prototipo de criatura desde el siglo XIX hasta hoy, ha sido la de Frankenstein. ¿Cómo habremos de llamarla ahora? ¿Enmendaremos la obra de Mary Shelley?

16 de mayo de 2010

Hubo un tiempo

Ayer alfombraron de azul la Gran Vía. Era festivo en Madrid y, como esa emblemática calle está de cumpleaños, una compañía telefónica puso los dineros para hacer casi realidad lo que se dice en un chotis: "... y alfombrarte con claveles la Gran Vía..." Mientras caminaba por allí, recordé mis tardes de cine, de alegres compras, de meriendas y helados. Recordé que hubo un tiempo en que era el eje de nuestras vidas, viviéramos donde viviéramos, porque lo importante de verdad se cocía allí. 

Lo elegante y lo hortera, lo distinguido y lo cutre, todo tenía cabida alrededor de esa avenida. Convivía el ansia de cosmopolita de la gran urbe, con el sentimiento castizo y provinciano de los madriles. La diva de noches de lujo, con las damas de esquina y habitación a oscuras. Los cócteles más exclusivos hasta altas horas de la noche, con el anís mañanero de dependientes, ascensoristas y mozos.

Desde hace unos años, los cines han ido agonizando, las tiendas de postín se han reducido hasta lo insospechado, los bares, cafeterías y restaurantes han perdido su verdadero brillo. Todo es franquicia, todo es barato, demasiado barato... No por el precio de las cosas, sino por la ausencia de entidad.

Por eso, aunque fuera temporal, no estuvo mal que alfombraran la Gran Vía, como se se ha hecho siempre con el lugar más destacado de nuestros hogares.

15 de mayo de 2010

Vasos


Vasos llenos de aire, vacíos del líquido que contuvieron, prestos para rellenarlos de palabras, como éstas:

Detesto los partidos, en tanto que profetas. 
Hace falta una gran ignorancia para predecir en política y en cualquier cosa viviente. 
La historia es propicia a hacerlo, ya que disimula la ignorancia del pasado. 
La historia más completa solo da el 0,00001 % de la realidad observable -por las vías más burdas- y enmascara el resto.  
(Paul Valéry -1871-1945-, Los principios de An-Arquía pura y aplicada)

Apurad el vaso. 

14 de mayo de 2010

Correspondencia




El Cabildo de Gran Canaria ha lanzado a la red de redes la correspondencia de Benito Pérez Galdós. Estudiosos, aficionados o simplemente curiosos están de enhorabuena, pues seguramente a través de esas misivas podrán hacerse una idea más real y ajustada de la personalidad del escritor. Son ochocientas diez y no solo están las que él escribía, sino también las que recibía. Me imagino que, en su vida, remitió y le llegaron muchas más... ¿dónde habrán ido?

Hoy apenas existe correspondencia epistolar a la antigua usanza, es decir, la del papel que transporta sentimientos, emociones, que anuncia eventos, que nos acompaña en la soledad, nos divierte a ratos, nos acoge... en fin, la que nos hace sentirnos importantes para otras personas. Pero eso no quiere decir que no escribamos. Si juntáramos todas y cada una de las líneas virtuales que emitimos cada día, probablemente envolveríamos el planeta unas cuantas veces. No sé si esta modalidad posee el mismo tono, trascendencia y peculiaridad que las cartas que viajan en sobre, porque aún hoy nos sobresalta o alegra recibir una de éstas, cosa que con el correo electrónico he notado que no pasa igual.

Ahora bien, me temo que, con el transcurso del tiempo, resultará mucho más difícil recopilar la correspondencia de nadie. Ahora escribimos en el aire, como los funambulistas, pero "con red".

http://www.lascartasdeperezgaldos.es/

13 de mayo de 2010

Deus ex machina

¡Menos mal que no somos Grecia! Por un momento creí que aquí tampoco dábamos pie con bola, que venían malos tiempos para quienes cobran algo de la Administración, que nos iban a subir los impuestos, que vendrían recortes de gasto público, que la gente se empobrecería en proporciones no recordadas en casi un siglo (estamos a tiro de diecinueve años para el centenario de la Gran Depresión y dicen que la de ahora es peor...) En fin, futuro negro el que yo, desde mi ignorancia supina, pensé que se cernía sobre nuestras cabezas. Pero menos mal que aquí no iba a pasar nada de esto, sino que "viento en popa, a toda vela", continuaríamos liderando el acontecimiento planetario. Menos mal, ya digo. ¡Qué peso se me quita de encima! Debe de haber sido un sueño ver y oír a un Presidente de Gobierno expeliendo en el Congreso disposiciones gemelas a las que, semanas atrás, llovieron sobre los helenos.

Aquí no ha pasado nada. Tonta de mí, no me fié de cuando esa misma persona, hasta hace unos días, proclamaba a los cuatro vientos que aquí no iba a ocurrir lo de Grecia y que no se iban a adoptar los mismos recortes.... ¡Ay, qué cabeza la mía y qué mal talante tengo! Mira que desear el regreso de todas las tropas que España ha diseminado por el orbe, en guerras y ocupaciones que ni nos van ni nos vienen, si seguro que con eso no se ahorra nada. Mira que pedir, a estas alturas, la intervención de los grandes capitales (algunos protegidos por esas s.i.c.a.v. tan modernas y avanzadas) ¿Dónde voy yo aspirando a que desaparezcan esos altos cargos y gastos caprichosos, que se multiplican hasta por tres entre las diversas Administraciones de nuestro país? ¡Menos mal que ya me he enterado bien de todo! Lo que ha sucedido es que, al final de la tragedia, alguna deidad ha bajado en su grúa y, entre versos de dramático lirismo, el héroe ha reconocido su error. Esa misma deidad ha convertido al superhombre en remedio contra el mal (para los griegos clásicos, pharmakon) y, habiendo aprendido la enseñanza moral que le transmite la divinidad, nos la muestra a la plebe: ¡Pueblo, la Unión Europea y Obama (perdón, los dioses) me han hablado y yo os digo....!

Y llegado este punto, a mí sí me gustaría ser como Grecia, porque sus maestros, policías, carteros, conductores, pensionistas, etc. se rebelaron contra dioses tan falsos como las monedas que nos unen, incluso sabiendo que todas las tragedias acaban como acaban.

3 de mayo de 2010

Alan Bennett y las flores del Corán


Hacia el final de la obra teatral "Los chicos de Historia", Bennett pone en boca del protagonista Héctor unas palabras que impulsan a dar a la gente aquello que nos ha sido entregado. Estando escrita en un contexto académico, la cita se refiere a los conocimientos. Literalmente, este profesor (encarnado en Josep María Pou) les pide a sus alumnos que "pasen el testigo", que para mí es algo así como "vaciaros, lo que sabéis no os pertenece del todo, debéis compartirlo".

Esta idea nos conecta con la generosidad, hermosa palabra de la que todos hablan, pero que no siempre practican. ¿Quién es generoso? Probablemente el que se mueve por fines distintos a los meramente materiales, procurando el favor o bienestar ajeno por delante del propio. La raíz "gen" me evoca  generalidad, genealogía, gentes... y, por tanto, se me antoja cualidad exclusivamente humana. Por eso me gusta, porque está alcance de todos con democrática simplicidad. No es cosa de titanes o superhéroes, sino de imperfectas personas. En principio, todos podemos ser generosos, moralmente comprometidos con los demás.

En otra obra, cuya segunda parte de su título da nombre a este post, el viejo Ibrahim le da al joven Mo más de lo que éste se hubiera figurado nunca: "le pasa el testigo" hasta el punto de convertirse, tras la muerte de aquél, en el árabe del barrio (hay que decir, para quienes no han visto ni la representación teatral ni la película, que Mo es francés y, además, judío) 

Por si esto fuera poco, en un momento, Ibrahim le dice a su discípulo que "las cosas que das te pertenecen para siempre y las que te quedas, las desperdicias". Y yo pregunto: ¿hay alguien ahí dispuesto a seguir desperdiciando?

Nota: He elegido una imagen de derviches giróvagos no solamente porque Ibrahim fuera sufí, sino porque estos danzantes recogen con una mano la idea mística de lo supremo y con la otra la depositan en la tierra de los hombres, es decir, "nos pasan el testigo".

30 de abril de 2010

La prescripción o el deber de perdonar






En el llamado Siglo de las Luces, Cesare Beccaria nos alumbró con un tratado sobre delitos y penas, texto al que aún hoy se remiten las voces doctas del Derecho y que todo buen jurista conoce. Es mérito de nuestro filósofo haber sentado las bases de la reforma del sistema penal europeo (también llamado "del Antiguo Régimen"), hasta entonces caracterizado por su extremada crueldad y arbitrariedad.

Beccaria sostiene que, cuanto más pronta y más cercana al delito cometido sea la pena, ésta será mas justa y más útil. Lo primero, porque al reo no se le puede mantener indefinidamente en la incertidumbre, lo que sería equiparable a lo que hoy conocemos por tortura (el tratadista habla de "tormentos" y yo propongo acordarnos de Guantánamo para comprender esto) Y será más útil porque, cuanto menor sea el periodo de tiempo transcurrido entre el delito y la pena, tanto más fuerte y legítima es la asociación de tales conceptos y, por tanto, de que a toda pena es consecuencia de un delito.

También explica que, una vez conocidas las pruebas del delito, es necesario concederle al  reo un tiempo y la posibilidad de justificar su acción (lo que hoy equivaldría a la fase de instrucción), subrayando que ese tiempo debe ser breve, de modo que no perjudique a la prontitud de la pena y, por supuesto, introduce la idea de la prescripción de los delitos y de las penas, diferenciando entre los más graves y los más leves.

Parece, pues, que es consustancial a la razón dotar al tiempo de efectos curativos, en el sentido de considerar contrario a la naturaleza humana tener a alguien bajo sospecha toda su vida. Todas las religiones y buena parte de las corrientes filosóficas han sabido de esto y han elevado las ideas de clemencia, misericordia y absolución a la categoría de valores indiscutibles. Pero es que, además, dicen médicos y psicólogos que resulta beneficioso para la mente humana perdonar lo que nos hacen, no anclarse en un sufrimiento que muchas veces conlleva un desmesurado deseo de venganza, lo que agrava la amargura y el desconsuelo.

Por eso es necesario que el paso del tiempo siga siendo instrumento de perdón. Una sociedad que no dispensa, ni borra, ni olvida, no se alivia de sus propias rémoras, no se libera de viejas ataduras y no avanza, por más que lo pretendan disfrazar.

Y para finalizar, algo que dice Beccaria en el capítulo XII del tratado que aquí comento: Un cuerpo político, muy lejos de obrar por pasión, es el moderador tranquilo de las pasiones de cada uno. Al buen entendedor....

29 de abril de 2010

Creadores

Parece que en la naturaleza de las personas habita el deseo de crear vida a partir de elementos inanimados, pues son tantos los mitos y leyendas basados en esto, que se diría fuese nuestra máxima aspiración. La materia más extendida para llevar a cabo ese momento creativo suele ser el barro: desde que Dios lo utilizó para que naciera Adán, en cualquier latitud surge alguien que convierte un trozo de arcilla en un ser más o menos autónomo y, desde luego, siempre imperfecto. Ahí está el Golem de Praga, sin ir más lejos...

Otro tanto cabe decir de Frankenstein. En este caso, la criatura procede indirectamente de la tierra, pues ya sabemos que su cuerpo lo componen fragmentos muertos de seres humanos. Mas la idea es la misma: insuflar vida donde antes no la había y con un fin que trasciende la propia naturaleza de su hacedor. Se diría que éste busca perfeccionar algo, progresar, emular a los dioses, doblegar la naturaleza, o simplemente valerse de algo capaz de llevar a cabo lo que él no puede o no se atreve. Lástima que, en todos los casos que conozco, los creadores no contaron con la capacidad que tenían sus hijos de rebelarse y, por tanto, no previeron las consecuencias de su inspiración.

28 de abril de 2010

Dejar huella


Hace algo más de un año, leí en la prensa que un monje tibetano, tras años y años de orar en la misma posición, había dejado las huellas de sus pies impresas en el suelo. Se decía que rezaba unas mil veces diarias y que, siendo más joven, lo hacía hasta tres mil. Me imagino que el cálculo es aproximado, pero desde luego hace honor a la constancia del religioso y a la fe que tiene en cuanto hace.

No sé si en el monasterio dejarán esas huellas para siempre, como una especie de reliquia. Pero lo que está claro es que, aparte de la madera, nuestro monje habrá dejado su impronta en los corazones de cuantos hayan compartido su vida de retiro y oración. Y quizá sea esa la huella más importante e indeleble: el recuerdo que de cada cual puedan tener los otros y el influjo que podamos ejercer en los más próximos. Por eso es importante concentrarse en cuanto hacemos, como este budista, que no ha dejado al azar ni la posición de sus dedos.

26 de abril de 2010

Andar andenes



Hasta en los andenes vacíos suceden cosas. El tiempo no se detiene, los pensamientos bullen y la calma aquí no es sinónimo de paralización. Un cartel nos enseña su risa, pone voz a nuestros pensamientos y hasta discutimos con él la oportunidad o no de cuanto anuncia. Los raíles se aproximan entre sí, se cruzan y separan millones de veces en peculiar Moebius... Tan sólo se interrumpe el lazo cuando un convoy se detiene. Las puertas se abren. Nadie sube. Bajan dos mudas charlando.




25 de abril de 2010

Caos

Como en el mito de la caverna, de vez en cuando hay alguien que se desata las ligaduras y sale al exterior. Cuando regresa para describir a los otros cautivos qué ha visto fuera, los demás no creen lo que dice, porque es más fácil seguir acomodados en el pensamiento mayoritario, dormitar viendo las imágenes que nuestros ojos miran sin sobresalto, que nuestro cerebro clasifica rápidamente y que nuestro corazón no se esfuerza en comprender.

Paremos, paremos y reflexionemos sobre lo que ocurre últimamente en nuestro país: otra vez los unos contra los otros, tirios y troyanos, montescos y capuletos, buenos y malos..., esas dos Españas machadianas llenas de ira y revancha, incapaces de perdonar y, por tanto, inservibles. ¿Hasta cuándo? ¿Veremos alguna vez un cambio verdadero? ¿Cómo hemos honrado hasta ahora a los muertos y represaliados? ¿Los estamos dignificando o, por el contrario, resucitamos su estigmatización?

Paremos, paremos de una vez y levantemos el velo que cubre esta farsa: pensemos en quiénes se benefician de tanto dolor y cuáles son sus intereses. Son los mismos personajes que, desde hace tiempo, están empeñados en subvertir el orden de las cosas, legislando a golpe de martillo, abocando al Derecho Penal a las cloacas, impostando su pretendida defensa de los derechos y libertades fundamentales, haciendo pasar por avanzado lo que en realidad es una nueva cara del totalitarismo.

Paremos, paremos y comprendamos que es muy peligroso jugar con la seguridad jurídica, cambiar las normas a nuestro analfabeto capricho electoral y con pretendida retroactividad.

Y a quienes, en la platónica caverna, jalean todo esto, sepan que están contribuyendo a que un día no se salven ni ellos mismos, como amargamente cantaba el personaje de Brecht.

Abril en Portugal...

... O capitanes intrépidos.

20 de abril de 2010

De nenúfares y estaques

Podemos disfrutar en estos momentos de una maravillosa exposición sobre Monet y sus concomitancias o influencia respecto de algunos artistas abstractos. En un día concurrido, como puede ser un domingo, la mayoría de la gente se agolpa para ver, comentar y comparar la variedad de cuadros que plasman a golpe de pincelada diversos elementos acuosos y multitud de nenúfares.

Recuerdo que, cuando era una niña, los nenúfares me parecían flores mágicas, que no guardaban relación con ninguna otra. No me planteaba buscarlos en las tiendas, porque les atribuía una naturaleza extra comercio, merecedora de agasajar a las hadas, pero imposible de marcarles un precio. Cuando veía alguno, en estanques o fuentes, tampoco se me ocurría cortarlos, porque no ansiaba poseerlos. Me bastaba con recordarlos luego, a solas, y dibujarlos. Suponían para mí casi una manifestación de lo sagrado y, por lo tanto, forzosamente tenían que ser inaccesibles.

Al acudir a la exposición de la que hablo y observarme yo misma "desde fuera", me he dado cuenta de que conservo intacta la actitud reverencial hacia esas flores. Las contemplo a través de los trazos y el gusto del pintor, mas vislumbro sin verlos aquellos nenúfares de mi infancia y siento en el estómago la misma punzada que experimentamos ante lo sobrenatural o lo fantástico. Y como algunas manos fervorosas agarran rosarios y cruces para asirse a la vida eterna, yo me acerco a las ninfas robando con los ojos el color sobre lienzo de esos lirios de agua.

De paso, creo haber entendido la esencia abstracta de tales cuadros: no son trazos, ni reflejos, ni juegos de sombras... Es el gozo de mirar lo que resulta efímero y perecedero, para colmarnos las entrañas con el aroma de lo eterno.

7 de abril de 2010

Despedida


Aparece aquí un mini-relato que escribí en la década de los noventa, cuando acababa la guerra de Bosnia-Herzegovina. Nunca quise situarlo en un lugar concreto, ni dar pistas sobre la nacionalidad de los protagonistas. Puede ser cualquier país, porque los conflictos bélicos no acaban y los éxodos tampoco. La foto está tomada en Weimar, en 2008. No hay guerra, pero el ciclista podría ser perfectamente el protagonista del cuento:

He dejado pasar los días hasta decidirme a escribirte estas notas y parece, mira tú por dónde, que la climatología me acompaña: hoy dejó de llover bien temprano, haciéndose la luz en lo que, desde hace semanas, era un manto brumoso acorde con nuestro ánimo. Puede, por tanto, que las únicas gotas de agua que notes en las próximas horas sean las que salgan por tus ojos cuando leas lo que aquí expreso. Por mi parte, lo tengo todo llorado. De sobra he humedecido la almohada durante los últimos diez meses, esperando este día con una mezcla de ansia y miedo, lo primero por salir del infierno y lo segundo porque en él dejo parte de mí.

No es fácil despedirme, sé que lo comprenderás, al igual que se me ha hecho muy duro elegir qué cosas puedo llevarme de aquí. Curiosamente, "recoge tus cosas" fue tu frase favorita durante muchos años; todos los días de mi infancia se gestaron al calor de esas palabras y, ahora que en verdad debo recoger lo mío, en este preciso instante, nada dices, nada impones, a nada obligas: paradojas de la vida que advierten de que lo que más trabajo nos cuesta hacer a los seres humanos es aquello que no nos piden. ¿Estaremos tan acostumbrados a ser dirigidos? Incluso los actos en apariencia más libérrimos responden en el fondo todos ellos a razones exógenas que nos superan, a dictados ajenos que nos van envolviendo y nos hipnotizan, nos engañan haciéndonos creer que realizamos cuanto queremos. Siempre actuamos según nos permiten las circunstancias y por eso, papá, ahora tú te quedas y yo me marcho.

Te seguirás preguntando por qué me voy, tratarás durante bastante tiempo (quizá el resto de tu tiempo) de encontrar una justificación a mi partida, algo que dignifique mi postur... Mas te ruego que reflexiones poco sobre estas cosas y admitas los hechos como quien asiste al cambio estacional, sin plantearse nada, sólo aceptándolo como parte de la vida. Si de algo te sirven mis palabras, has de saber que no me voy porque hayan derribado mi escuela, ni porque ya no me permitan ser maestro en lo que nos queda de patria, ni tampoco por ser un traidor de los traidores. Me marcho sencillamente porque tengo miedo, mucho miedo.

Durante la guerra conviví con el horror y el espanto, como todos cuantos permanecimos en esta ciudad sitiada. A fuerza de asistir al drama diario, acabé acostumbrándome a sus manifestaciones, a las muecas de la muerte, a los gritos de locura, al dolor y al abandono que pesaban sobre la población entera, sobre los centenarios monumentos, las milenarias tierras... Pero hoy el peligro es invisible, no asoma a la cara de nadie ni te avisa. Se encuentra en el aire y, al respirarlo, nos vamos colmando de su veneno hasta vomitar pánico. Los que hemos aprendido a sobrevivir a los bombardeos y a los francotiradores intuimos, sin embargo, que los peores proyectiles están aún por llegar. No podrá preverse su trayectoria y lo más alarmante es que pudieran salir del fusil o metralleta de alguien cuya amistad nunca hubiéramos cuestionado.

El país al que viajo es soleado y, aparte de un vocabulario de emergencia, apenas tengo conocimiento de su idioma. ¿Seguirás creyendo que es de medrosos abandonar la tierra de tus padres en tales condiciones? ¿Cuántas mujeres y hombres estarían dispuestos empezar de cero, si no fuera porque se encuentran en peligro? Porque la integridad personal no sólo se arriesga cuando te apuntan con una pistola, sino también cuando te cierran las puertas que anteriormente tuviste abiertas. Es entonces cuando tus raíces, tus creencias, tus recuerdos, tu cultura, tu propia entidad, en suma, se subastan a cambio de nada en la lonja de la Historia, escrito así, con mayúscula, como casi todas aquellas cosas que en realidad no nos pertenecen y sobre las que los humanos de a pie poco o nada podemos decidir: Estado, Iglesia, Cumbre, Tratado...

Por eso te pido, ya no sólo como padre, sino como alguien también involucrado en la aventura de existir, que no califiques mi decisión como cobardía, sin antes pensar un poco sobre la situación que me espera hasta que pueda (si es que puedo) normalizar mi vida. Se trata de una huida hacia adelante, es haber depositado la esperanza fuera de aquí, soñando con un futuro que no alcanzaré en mi ciudad ni en mi región ni en otros territorios limítrofes. Cruzo la frontera porque han sembrado mi calle de fronteras invisibles, porque para muchos vecinos ya no volveré a ser el hijo del sastre, aquel chico al que vieron crecer al paso de tu viudez, que no dio a sus mayores más problemas que los habituales y cuya única pasión reconocida fueron los helados de crema. Nunca más seré a sus ojos el joven callado incapaz de negar a nadie un favor, ni el maestro de la mayoría de su prole. A partir de ahora soy un perdedor y sólo se me asociará con una ideología fracasada, a pesar de que jamás hablara con ellos expresamente acerca de mis convicciones. Tampoco de las ajenas.

Dejo mi país con más pesar del que creí en un principio que iba a padecer. Si he de ser sincero, mi dolor no nace tanto de las grandes cosas que abandono (¿o me abandonan?), como de esos otros pequeños detalles que, a fuerza de no concederles importancia y, por tanto, no prevenirme contra ellos, resultan ser los que finalmente han configurado mi moral, mis pasiones y mis intereses vitales. ¡No sabes cómo duele en estos momentos dejar que los recuerdos franqueen la puerta de tu memoria y afluyan los paisajes, calles o bullicios de los que has formado parte, para terminar aceptando que no puedes transportar en la mochilla un olor, una fiesta o un mercado!.

Te escribo estos renglones desde el comedor, con el ventanal abierto de par en par. A través de él entra una inmensa luz blanca de tonos metálicos que abraza y tiñe con su esencia todo el cuarto. Creo que es esta la imagen que deseo llevarme de cuanto ahora me rodea, un fulgor níveo que purifique lo que pronto serán evocaciones y que paralice la imagen de lo que se resistirá a ser pasto del olvido. De la misma manera que hasta hoy he sido capaz de constreñir mi primera infancia en el sabor a canela de las galletas que más me gustaban, mi vida en el país donde me nacieron probablemente irá atada a la claridad que presentan en estos momentos las paredes que me circundan y abrigan.

Voy poniendo fin a mis palabras, insistiendo en que no sufras por mi partida. Al fin y al cabo, muchos han sido los que, a través de los tiempos, han mudado su residencia por razones varias y, a la postre, ello ha contribuido a un mayor y mejor intercambio de costumbres, al avance de la especie. Somos, por así decirlo, producto de ese ir y venir de gentes, el denominador común de cuantas tribus habitaron un día el planeta.

Sabes que te he honrado como padre y te he querido como persona. Te seguiré honrando y queriendo, por más que se diluyan los detalles que hasta ahora han conformado mi vida. Abraza en mi nombre a los tíos y llévale a V. el paquete que dejo junto a esta carta; contiene objetos que sólo a ella incumben y los estará aguardando como símbolo de la libertad que estrena tras mi marcha.

Un beso para ti. Ya tendrás noticias mías.


6 de abril de 2010

Mirar con los ojos y ver con el recuerdo


A medida que crecemos, vamos olvidando muchas de las cosas que hemos contemplado de pequeños. Otras, sin embargo, quedan fijas en la memoria, si bien no siempre con una objetiviad clara y fidedigna, sino "adaptadas" a nuestro recuerdo. Hasta tal punto esto es así, que nos cuesta admitir una versión diferente, por más que en el fondo seamos conscientes de que nuestra visión puede estar trastocada. Así, el doctor que nos examinaba por rayos no era solo alto, sino casi un gigante, y al collar de perlas de la abuela nos empeñamos en adjudicarle un color azul cielo.

Los recuerdos nos pertenecen más que ninguna otra cosa y de la misma forma que algunos periodistas no pemiten que la realidad les arruine una noticia, preferimos la magia de lo invocado, aunque no concuerde con hechos, datos o fechas comprobables.
Pasados unos años, ¿cómo recordarán los niños de las fotografías lo que veían agarrados a sus mayores? Por ahora yo puedo decir que era Jueves Santo de 2010, pasadas las siete de la tarde. Una multitud de personas se agolpaba alrededor de las iglesias para presenciar la salida de sus procesiones favoritas. Hasta aquí, datos contrastados; me pregunto si coincidirán con lo que esos niños, cuando crezcan, cuenten que vieron.




5 de abril de 2010

Innovación



El primer día de su jubilación, dejó que el teléfono sonara con el firme própósito de no responder. Pronto se acostumbró a escuchar el ruido de las llamadas como quien oye descargar una tormenta. Tampoco atendía el contestador. Salvo eso, continuó llevando una vida normal. Compraba en los establecimientos de siempre, se cruzaba con los mismos vecinos y salía a pasear con su perro por el parque cercano. A los tres meses, el teléfono enmudeció, aunque él tardó un poco más en percatarse. Tuvo un presentimiento: se averió. Pero decidió no averiguarlo.

Al cabo de un año, comiendo en una céntrica cafetería, vio entrar a un primo suyo con el que hacía muchísimo tiempo que no coincidía. Se acercó a él sonriente, abierto y cercano, invitándolo a sentarse a su mesa. Hora y media después se fueron al cine y, a la salida, quedaron en hablarse y verse más a menudo.

- Te llamo cualquier día de éstos, por si te apetece venir a pescar.
- Mejor te llamo yo....

Afinidades electivas o el afán de pertenencia


No es un aparcamiento. La fotografia está tomada en la Cuesta de Santo Domingo (Madrid), un sábado cualquiera. Allí se concitan, por la tarde, aficionados a las motocicletas tipo vespa. Las dejan en una acera y ellos, en la de enfrente, charlan, observan o simplemente están. Así durante unas pocas horas, como quien cuida de sus niños en el parque, dejando que las vean los ciudadanos que transitan por ahí en ese momento.

Los dueños son variopintos: mayores y jóvenes, elegantes y desaliñados, mujeres y hombres... Su hilo conductor es la moto, "ese" tipo de moto, como otros se reúnen alrededor de sus harleys. Me pregunto cómo hacen para encontrarse, de quién fue la idea, por qué ese lugar y no otro, qué ocurre si un sábado no van... E irremediablemente me viene el título de la novela de Goethe y también las aparentemente extrañas alianzas que se dan en la naturaleza: por qué unos peces están bien con ciertas anémonas, por qué unos minerales casan mejor que otros, etc.

Se diría que, por mucho que subrayemos nuestras peculiaridades, por más que nos asumamos como únicos, por más y más carga de individualismo que llevemos encima, buscamos pertenecer a algún grupo e integrarnos con otros que consideramos afines por alguna cosa, por minúscula que sea. El nexo de unión puede ser la afición por coleccionar un determinadio tipo de objetos o el nombre que nos pusieron al nacer (tengo noticias de alguna reunión de pilarines o cármenes) Da igual, eso hasta puede resultar un juego entretenido, un respiro en el páramo que para muchos es la vida, un alto en la rutina. Lo peor llega cuando esa pertenencia se agranda y sobredimensiona, deviniendo excluyente respecto a otras cosas y personas. Allí nos daríamosde bruces con lo que Amin Maalouf llamó identidades asesinas, en el sentido de sectarismo, intolerancia y miedo a lo que es distinto.

Más allá de la herencia recibida de nuestros padres y abuelos, camina pareja a nuestra socialización como personas la identificación con un símbolo, una idea o un grupo. Nada grave si sabemos domesticarlo, si aprendemos a relativizarlo y si, como individuos, podemos mirarlo con cierta perspectiva.

29 de marzo de 2010

Pareja estable


El pie derecho se queja siempre de que lo aprieto en la parte delantera. Intentando aliviar sus males, se introduce en mí con algodones y esparadrapo alrededor de los dedos. El resultado nunca es satisfactorio, pues al rato me sacude violentamente y voy a dar, con mi tacón de nueve centímetros, contra un extremo de la alcoba.

El pie derecho ha cumplido quince años conmigo. Al principio nos fue bien, pero un día ensanchó. Me acusa a mí de que sobresalga del pulgar un bulto con nombre bastante cómico.

De todas formas, el pie derecho me es fiel y noto que me quiere, aunque ya solo se arrime a mí cuando hay alguien delante. Advierto, entonces, que se enseñorea mostrándome y yo, que también albergo sentimientos, me ablando y esponjo, dejándolo tranquilo mientras presume.

25 de marzo de 2010

Sin palabras

Como la he visto ya difundida en algún dossier de prensa, no creo que El Roto se enfade por inlcuir aquí una viñeta suya, que a mí me parece agudísima, como todas las suyas.



Me pregunto una cosa: ¿la habrán visto quienes nos gobiernan, quienes aspiran a hacerlo, quienes nos administran los euros, quienes negocian los salarios..., en definitiva, quienes deciden por nosotros? Y en caso afirmativo, ¿están dispuestos a pensar en ello?

Plagiar lo inédito


En la edición digital de "EL PAÍS" de hoy a estas horas puede leerse textualmete:

Diagonal TV, productora de La señora, ha salido al paso de las acusaciones de plagio y estudia denunciar a su vez a la escritora Susana Pérez-Alonso. "Lo que esta mujer quiere es publicitar su libro", asegura Jaume Banacolocha, productor ejecutivo. En febrero, la novelista denunció ante la Fiscalía Superior del Principado de Asturias "serias similitudes" entre su novela inédita Melania Jacoby y la serie emitida por TVE-1. La fiscalía, que aceptó la demanda, debe asignar el caso a un jurado (sic) de instrucción. Banacolocha asegura que no se puede copiar algo no publicado...

Sin entrar en el caso concreto, que desconozco, lo que me llama la atención es la úlitma frase, porque el plagio existe con independencia de que lo supuestamente copiado hubiera sido o no publicado. Según el Dicccionario de la RAE 22.ª edición), plagiar es "copiar en lo sustancial obras ajenas, dándolas como propias". Tampoco el artículo 270 del Código Penal español exige la publicación de las obras como requisito previo al plagio.

A mí se me ocurre, incluso, que la mayoría de los plagios se realizan precisamente en relación a obras inéditas, como son aquellas que se envían a concursos, las remitidas a alguien para que las lea y dé su opinión, algunas que se prestan, otras que "se pierden", etc. 

22 de marzo de 2010

Cuestión de matiz

De un tiempo a esta parte, se utiliza el término gafapasta para referirse a toda aquella persona más o menos alternativa que pasea por la calle con varios periódicos en la mano o bandolera (o con  una revista cultural), ve cine siempre en versión original y es aficionado a las bandas sonoras de peículas. Se los confunde con los modernillos, pero nada que ver, porque entre éstos prima más el último modelo de cachivache electrónico que una de Manoel de Oliveira, por ejemplo.

Hurgando un poco más, nos encontramos con los nerds, o aquellas personas con un cociente intelectual superior a la media que, sin embargo, adolecen de las habilidades sociales necesarias para llevar a cabo lo que el común de los mortales hace casi sin pestañear (bailar, charlar con desconocidos, conducir...) Hay quien los confunde sin más con los empollones, pero no son igual. Un verdadero nerd no pierde el tiempo en cosas que juzga banales.

Además, tenemos los geeks, o aquellos que han elegido vivir concentrados en su mundo, altamente imaginativo, desarrollando habilidades técnicas de tipo informático y cibernético. Hay quien los confunde con los hackers, pero no tienen por qué serlo.

Ahora hagamos todas las combinaciones posibles y nos encontraremos a nerds gafatastas, geeks modernillos y hasta hackers empollones, porque ni todas las etiquetas valen ni toda persona puede ser clasificada en una sola categoría. No obstante, de todo ello podemos sacar un conclusión positiva: en el mundo sigue habiendo gente que intenta destacarse, diferenciarse e individualizarse, es decir, no seguir lo que, sin criterio propio, hace grueso de la tropa. Y esto es en sí mismo alabable, aunque para ello se les adscriba a alguna tribu (el ser humano es siempre contradictorio).

En el fondo, me recuerdan a los llamados progres de finales de los setenta, que se paseaban llevando bajo el brazo un libro por lo general de títulos y autores censurados durante la dictadura, o algún periódico de ideología liberal-izquierdista, a veces en francés. Por su indumentaria, gente poco informada los confundía con los hippies, aunque lo único que tenían en común era su oposición a un estilo de vida tradicional y consevador. Espero que, con el paso del tiempo, a los gafapasta, nerds y demás no les pase como a los progres de antaño, muchos de los cuales han caído en los defectos pequeñoburgueses que tanto aborrecían, abrazándose a la religión del poder y quejándose de lo raritos que les han salido sus hijos. Ojalá los de ahora aprendan de quienes les precedieron, sigan siendo ellos mismos y no se disuelvan como azucarillos en el agua. A lo mejor esa es la forma de que el mundo cambie.

19 de marzo de 2010

Ser marcianos

"Un hombre de la Tierra piensa: 'En ese cuadro no hay realmente color. Un físico puede probar que el color es solo una forma de la materia, un reflejo de la luz, no la realidad misma'. Un marciano, mucho más inteligente, diría: 'Este cuadro es hermoso. Nació de la mano y de la mente de un hombre inspirado. El tema y los colores vienen de la vida. Es una cosa buena" (Ray Bradbury, "CRÓNICAS MARCIANAS")

Racionalizamos mucho, incluso a veces demasiado. Buscamos un porqué en casi todo, hasta el punto de desdeñar aquello que no es aprehensible con la mente. Queremos encontrar un significado hasta en las cosas que, por sí mismas, deberían carecer de ello. Siguiendo con las citas, Carlos Edmundo de Ory tiene unos versos que, más o menos (escribo de memoria) vienen a decir que "la física nuclear no me sirve para comprender por qué lloro por amor".

Seguramente no les falta razón a quienes reducen los sentimientos a meras formulaciones químicas, incluso a déficit de determinados metales, sustancias sanguíneas, presencia de elementos olfativos o enlaces neuronales. Pero pienso que, a fuerza de querer entenderlo todo y que ese todo haya de pasar necesariamente por el tamiz del argumento, el ser humano ha perdido en gran medida la alegría de vivir y, con ello, la capacidad de asombrarse, emocionarse, esperanzarse... En definitiva, participar de las cosas que pasan alrededor.

Si ser marciano pasa por vivir plenamente y respetar lo que me rodea, quiero ser marciana.

15 de marzo de 2010

Delibes y el Derecho Mercantil



Hablar de Miguel Delibes, a tres días de su fallecimiento, puede resultar reiterativo. Poca gente debe de quedar sin haber expresado su opinión sobre la vida y la obra de tan insigne narrador. No es mi intención, por tanto, aportar nada inédito, sino tan solo hablar de un episodio que me llamó la atención cuando supe de él: hace años leí que Delibes se había aproximado a la literatura a través de un manual de Derecho Mercantil del profesor Garrigues. Parece que le impactó la precisión de su lenguaje y el uso de los adjetivos. Esta noticia siempre me resultó curiosa, porque normalmente se llega  la escritura creativa por caminos menos técnicos. Ahora bien, cada Saulo acomete su propio camino de Damasco y se cae del caballo como las circunstancias le permiten.

¿Quiere esto decir que, sin Garrigues, no hubiéramos tenido al Delibes prosista? Me inclino a pensar que habría escrito en cualquier caso y que las lecciones mercantilistas no fueron más que el detonante de su actitud, capacidad y talento expresivo. Por eso, la referida anécdota puede que no sea más que un hecho insignificante en su carrera, aunque a mí me parece que no es fácil que un escritor reconozca una influencia aparentemente extraña al mundo creativo. Por tanto, que él lo hiciera señala una honradez intelectual  incuestionable, lo que lo engrandece y nos da pistas sobre su personalidad.

Por otro lado, me habría gustado saber qué le suscitó a don Joaquín conocer que, tal vez sin proponérselo, se encontraba entre las musas y que algún estudiante escudriñaba sus libros, no tan sólo para aprobar la asignatura, sino con la curiosidad de quien en ese momento se prenda de las palabras escritas.  Por eso lo importante es ir sembrando y que luego la magia opere el resto.

14 de marzo de 2010

Tom Stoppard y Safo


En la obra Rock'n'Roll, recientemente representada Madrid, Tom Stoppard nos habla de muchas cosas. El hilo conductor es Praga, pero también Europa, las ideas, Syd Barrett, el relevo generacional, la cultura de masas, el poder... Igualmente se detiene en Safo, a propósito de mostrarrnos ciertas vidas dedicadas al estudio de los clásicos y de las llamadas lenguas muertas. Resulta estimulante ver cómo uno de los personajes principales, filósofo comunista y profesor en Cambridge, asiste irónico y divertido a alguna de las clases que tutoriza su mujer, quien ayuda a sus alumnas a diseccionar con precisión y rigor los versos sáficos.

Max, que así se llama nuestro hombre, no se da cuenta de que, con el paso del tiempo, él y otros tantos como él serán también objeto de análisis e investigación. Cuando, hacia el final de la obra, se pregunta qué ha sido de los obreros orgullosos de serlo y de aquellas ediciones de poesía que se agotaban nada más ponerse en venta, empieza a darse cuenta de que el mundo en el que ha creído (como una Arcadia intelectual) y por el que, con sus medios y desde su posición, ha trabajado (conferencias, artículos y también espionaje) ya no es más que una célula en un microscopio, mero objeto de museo o laboratorio,o estado de cosas al que han contribuido todos.

Al final, como en la canción de Aute, nos queda la música (y yo diría que los clásicos).

13 de marzo de 2010

A las cinco en punto de la tarde

El poema dedicado por García Lorca a Ignacio Sánchez Mejías va subrayando con una cadencia especial el encabezamiento de esta entrada. Siguiendo el título del blog, puede decirse que pone el acento en esa hora, lo que por otro lado resulta natural, tratándose de la cogida y muerte de un torero. Yo empiezo hoy a escribir a las cinco de la tarde y, por seguir con el tópico, hablaré de lo que, muy a mi pesar, conocemos como "fiesta nacional", porque últimamente vuelven a llenarse cientos de páginas escritas y virtuales con argumentos pro y contra. No me propongo convencer a nadie, pero sí me gustaría formular algunos deseos, por aquello de implorar a los dioses y recibir sus favores:
  1. Que el país donde nací y vivo no fuera asociado con el espectáculo taurino.
  2. Que no se sacrificaran toros en las plazas, para solaz de algunos y negocio de otros.
  3. Que el riesgo de los toreros y la tortura y muerte de los toros no constituyera una forma de ocio y diversión.
  4. Que se deje de tratar la tauromaquia como "arte" o "hecho cultural", que dejen de entregarse premios de Bellas Artes a toreros, rejoneadores y demás.
  5. Que no se proteja algo tan sólo por ser "tradición". De sobra es sabido que mantenemos y abandonamos tradiciones según el devenir de los tiempos y nuestra propia evolución social.
  6. Que dejen de presentar lo taurino como imprescindible para la supervivencia de una especie animal. A estas alturas, con la información que hay, resulta falaz y manipulador.
  7. Que algunos políticos no fueran tan tibios y, puesto que dicen estar comprometidos con la  modernidad, hacer algo acorde con el siglo en que vivimos: dejar de matar animales sin necesidad.
  8. Que otros políticos no sean tan autoritarios y dejen de proteger legalmente, sin haberlo consultado con los ciudadanos ni ningún órgano o cámara de representación de éstos, tamaña carnicería.
  9. Que no se venda lo que no es más que un espectáculo morboso, amparándose en artistas plásticos que lo pintaron. En el caso de Goya y por poner sólo un ejemplo, también reflejó en su pintura fusilamientos y  hombres medio enterrados, peleando a muerte, y no por eso animamos a que la gente lo haga.
Saludos