27 de agosto de 2013

Crónicas rumanas (I): Tras la puerta




Cuando cayó el muro, surgieron hermosas puertas que franqueaban el paso a cuanto durante años nos pareció exótico y desconocido. Curiosamente, muchos pensaron que esas aberturas eran de una sola dirección, es decir, una especie de paso franco para que los habitantes de la parcela occidental pudieran acercase a la Europa del Este, instalar allí sus negocios, fabricar a más bajo coste y, a la par, inocularles el virus del consumismo, creando para ello las mismas necesidades ficticias que asocian el paraíso con un refresco de burbujas, unas joyas o un coche.

Ahora que el capitalismo ha entrado en fase crítica, tras la puerta transilvana me he encontrado rumanos de Pozuelo o La Rioja que, haciendo de la necesidad virtud, han regresado a sus lugares de origen y, a la entrada de una iglesia o en un parque, prefieren hablarte de los años de bonanza entre nosotros, saltándose los muchos episodios de humillación e injusticia que también padecieron.

Charlando con ellos, pienso en los judíos que todavía guardan la llave de una puerta que sus ancestros tuvieron en Sefadad y no puedo más que dejar la mía entornada, para cuando regresen. 

NOTA: La fotografia está tomada en Biertan.

4 comentarios:

Marisa Santana dijo...

Sigue escribiendo estas crónicas Amparo. Hoy al leerla me he acordado de lo qir ya me habiass contado y me ha encantado.

Un beso

Amparo Quintana dijo...

Muchas gracias, Marisa. Celebro que te guste. Seguiré con la serie sobre ese maravilloso país. Bss

Anónimo dijo...

Me asombró de Rumanía la cultura de sus habitantes y su sencillez... creo que, en general, aún no se encontraban absorbidos por la sociedad de consumo

Amparo Quintana dijo...

Sí, un poco más libres todavía. Gracias, Anónimo.