7 de mayo de 2014

Crónicas rumanas (III): Acompañados




Hace muchos años le escuché a alguien que somos responsables de lo que nos ocurre con quienes nos relacionamos. Dicho así, parece muy duro y podríamos preguntarnos dónde quedan el azar o la mala suerte en aquellas circunstancias donde la gente no es lo que parece o nos suceden cosas que no esperábamos. Sin embargo y a fuerza de llevarme sorpresas y disgustos, he empezado a comprender aquella lapidaria frase (lógicamente, pasada por el tamiz de mi memoria).

En “La Vida de Brian”, la madre del protagonista, cuando observa al pie de la cruz a su hijo en trance se ajusticiamiento por los romanos, le reprende achacándole que ese final se lo ha buscado él por rodearse de malas compañías, lo que desata siempre la carcajada del espectador. Humor aparte, el ser humano es social por naturaleza y tiende a vivir y desarrollarse rodeado de congéneres. Quizá por eso nos pasamos toda nuestra existencia eligiendo aquellas personas que van a acompañarnos, bien sea en un viaje, en nuestro hogar, en un proyecto o con una taza de té en las manos.

A veces hecho de menos aquellas conversaciones espontáneas que se daban en los bancos de los parques o esperando el autobús. La gente hablaba entre sí sin otra preocupación que pasar el rato. De vez en cuando surgía el milagro y aprendíamos algo de lo que habíamos estado escuchando de quien probablemente no volveríamos a ver jamás. Puede ser que esa falta de programación es la que me lleva, en la actualidad, a fiarme de mi instinto, aun siendo consciente de que quien me apuñale por la espalda ha tenido abierta, en algún momento, la puerta de mi vida. Mas no tengo miedo.

Desconozco si la pareja de la fotografía sigue junta, pero el instante que congelé en un cementerio rumano da cuenta de lo importante que es contar con alguien a tu lado capaz de mirar lo que tú miras, aunque vea otra cosa.

6 comentarios:

Maria Angeles Moraga Martinez dijo...

Me encanta tu compañía Amparo, y doy gracias de haberte encontrado en el camino.. un abrazo.

Maria Angeles Moraga Martinez dijo...

Me encanta tu compañía Amparo, y doy gracias de haberte encontrado en el camino.. un abrazo.

Amparo Quintana dijo...

¡¡Muchas gracias Mª Ángeles y a la recíproca!!. Las cosas no son por casualidad. Un beso.

Chuspi dijo...

Hola Amparo¡ En esta etapa de mi vida, recuerdo las compañías tan gratificantes de las que he disfrutado a lo largo de mi vida y que se han ido quedando por el camino por distintas razones... con cada una de ellas me unia un tema en común ( el colegio, la carrera, la parroquia, los veranos....)y hoy por hoy, las echo mucho de menos por todo lo que me aportaban.El término "acompañar/compañía" no tiene mucha relevancia cuando estás rodeado de ella, pero por el contrario, cuando se carece de ella, te invade un vacío que te hace cuestionarte muchas cosas...
La vida nos enseña la necesidad de descartar aquellas compañías que son tóxicas, pero también apreciar aquellas otras que están ahí y"te acompañan" en tu existir. Gracias por tu reflexión. Me ha encantado¡

Raquel Hernando dijo...

Perdona, Amparo, no sé como se ha publicado el anterior comentario con el seudónimo de mi hija¡¡ Soy Raquel Hernando¡

Amparo Quintana dijo...

Hola, Chuspi/Raquel: Me alegra que te haya gustado el post y comparto lo que dices. Un abrazo