3 de febrero de 2015

Lo que aprendí de ti




Para Joaquín, mi padre

Siempre supe que ninguna persona reemplaza a otra, pero es ahora cuando puedo decir que lo he asimilado. Cada cual ocupa un lugar concreto y definido en la vida de los demás, albergado en el núcleo de la existencia. Desde la infancia vamos descubriendo que no todos representan lo mismo para nosotros y que la huella que nos dejan va más allá del parentesco, la amistad o el oportunismo. Por eso, ahora que ya no puedo coger tu mano ni darte un beso ni llenarte el vaso con agua, agradezco tener un corazón que me ayude a recordarte, un corazón cincelado por vientos emotivos, más que por imperturbables palabras.

Recordar es hacer que las cosas surquen dos veces nuestros corazones y he aquí que se recuerda con dicho órgano y no con la cabeza. Perdemos el tiempo buscando aromas, voces o paisajes allá donde anidan logaritmos y declinaciones, pues la memoria nunca ha sido sinónimo de conocimiento ni de ideas. Se rememora desde el sentimiento y, como al fin y al cabo este es selectivo, yo termino acordándome siempre de lo mejor y más luminoso, en detrimento de amarguras y sombras.

Vivir es crecer, crecer es aprender, aprender es fijarse. Desde pequeña observé que tus difuntos estaban presentes en tu vida y que los recordabas desde la alegría y la calma, sin pesares, abatimientos o largos desconsuelos. Por eso, lo que aprendí de ti es tan complejo y simple al mismo tiempo, pues me enseñaste a vivir con ausencias. Nada reemplaza a nadie, todo sigue ocupando su lugar en nuestros corazones… y nos asomamos al balcón de la esperanza, ávidos de atesorar más recuerdos.

Nota: La fotografía fue tomada en Brasov

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Amparo, muy bonito texto.
Es verdad eso que dices de que "nada reemplaza a nadie". Creo que a veces el mejor detalle que podemos tener con la gente que quisimos y se ha ido es aceptar y respetar esos vacíos que nos dejan.

Sigue recordando
Besos
Mar

Anónimo dijo...

Que belleza de tildes y acentos que tan poco ocupan y tanto significan.. un abrazo gigante querida amiga.

Anónimo dijo...

Mí querida Amparo, cuanta razón tienes. Nuestros seres queridos y ausentes tienen su sitio en nuestro corazón. Es suyo y eso no se puede cambiar.

Con tu permiso, voy a enviar tus bellas palabras a un ser muy querido porque seguro que le va a fortalecer.

Un abrazo con mucho amor.


Marisa.

ASESORES MEDIOAMBIENTALES dijo...

Mucho ánimo,

Aceptar que hay cosas en la vida que tocan a su fin, es dar gracias a Dios por haber podido disfrutar de ser su hija y él tu padre.

Abrazos
Tomás

Amparo Quintana dijo...

Gracias a todas/os por vuestros comentarios. Me alegra que os haya gustado esta entrada. Un abrazo

Anónimo dijo...

Precioso Amparo, me llega muy de cerca. Gracias por expresarlo tan bien y por compartirlo.
Besos. Rosa