Visitas

18 de mayo de 2011

Pecados capitales: Lujuria, gula y algo más



Cuando era niña, asociaba lujuria a lujo, sin duda por la similitud fonética de ambas palabras. Además, en mi mentalidad infantil todo cuadraba, pues qué peor cosa para los cristianos que arrojarse a los pies (o patas) del becerro de oro, vender el alma por la opulencia y pensar que todo está al alcance de la chequera. Era lógico, por tanto, que el ansia sin medida de pompa y oropel se castigara y se elevara a la categoría de pecado capital.
Pasó el tiempo y, aunque pude desligar los conceptos que encierran tales vocablos, reconozco que he seguido percibiendo obscenidad en ciertas exhibiciones relumbronas. Si la lujuria trae de la mano la impudicia, la sordidez y la indecencia, impúdico, sórdido e indecente es también que el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Strauss-Kahn, se aloje en habitaciones de hotel que cuestan tres mil dólares la noche, cuando desde el organismo que representa llevan varios años recomendando recortes del gasto público, rebaja de salarios, amortización de empleo y mano dura con los países derrochadores. Nuevamente la vida, que es tan obstinada, me ha servido lujuria y lujo en el mismo envoltorio
La prensa habla de las andanzas libidinosas de este hombre, del presunto delito por el que fue detenido hace unos días, de su amor al boato y la ostentación..., pero casi nadie se cuestiona el hecho de que individuos así ocupen cargos como el suyo.
El próximo domingo, en España, habrá elecciones municipales y autonómicas. Circulan por ahí los nombres de más de cien candidatos con causas judiciales pendientes. Son de casi todos los partidos que cuentan con representación en las diversas administraciones del Estado. Dejando a salvo la presunción de inocencia, de la que siempre he sido una firme y tenaz defensora, lo que sí está claro es lo poco que importa, para medrar en política, que los otrora llamados próceres hagan caso omiso de lo que exigen al resto de la ciudadanía.
La ambición de darse todos los caprichos pasa por codiciar cuerpos, trajes, mansiones, drogas, amistades y un sinfín de cosas más, por saciar un hambre que les nubla la conciencia hasta el punto de no importarles más que ellos mismos. Se ven tan poderosos que no se imaginan reventando como lo haría un vulgar neumático al pasar por una calzada llena de cristales. Como el niño glotón que trata de esconder las migas de un bizcocho que se acaba de zampar, así aparecen estos personajes ante nuestras narices.
Efectivamente, es lujo-lujuria, pero también gula. ¿Vamos a dejarnos comer?


3 de mayo de 2011

Confucio in USA


Tras el espanto del 11-S, el por entonces presidente de los Estados Unidos lanzó un “wanted, dead or alive” que se cumplió ayer, diez años más tarde y bajo el gobierno de un mandatario distinto, supuestamente opuesto al anterior. Por televisión sacaron la algarabía de muchos norteamericanos que celebraban la muerte del alma mater de los atentados de Nueva York, Bali, Casablanca, Londres o Madrid. Mostraban su orgullo por pertenecer a una nación que, desde su origen, no ha temblado a la hora de aplicar su ley y su orden. A uno y otro lado del Atlántico, los políticos empezaron a declarar, con una sola voz, que el mundo era, ahora, un lugar más seguro. Simultáneamente a esto, aumentaron el nivel de alarma y reforzaron las medidas de seguridad en varios países, pues sin duda comparten lo que hace más de dos mil años dijo Confucio: “Antes de iniciar un viaje de venganza, es mejor que caves dos tumbas”.


28 de abril de 2011

Pecados capitales: La envidia


“La envidia es mil veces más terrible que el hambre,
porque es hambre espiritual”
(Miguel de Unamuno)

Recuerdo que, a los pocos meses de acabar la carrera, una compañera me confesó que siempre me había tenido mucha envidia. Me explicó sus razones y comprendí que no hablaba en sentido figurado. La noticia me sorprendió, pues hasta entonces no había considerado la posibilidad de que alguien pudiese codiciar algo mío y menos que lo ansiado fuera la imagen que ella percibía de mí, imaginándome libre y etérea como el aire, como si yo no tuviera problemas.
Esta anécdota me sirvió para darme cuenta de que, la mayoría de las veces,  alguien siente envidia por la interpretación que hace de las cosas, no por esas cosas en sí mismas. Al envidiar, por ejemplo, la popularidad de alguien, nos da por pensar que a ese o a esa los consideran mejores que a nosotros, cuando lo cierto es que seguramente seamos igual de queridos y respetados. Sin embargo, gastamos la energía en amargarnos, agrandando el resquemor y la oscuridad de nuestros pensamientos.
Dicen que el pecado nacional de los españoles es la envidia, que nos volvemos verdes cuando al vecino le toca un premio o a nuestro compañero le dedican un halago. Será por eso, es decir, porque se trata de algo generalizado, por lo que hemos llegado incluso a ser indulgentes con los envidiosos, responsabilizando muchas veces de su defecto a quienes son objeto de sus dardos. Seguro que a usted le han dicho alguna vez algo parecido a esto: “lo tuyo es suerte”, “qué feliz eres, con la que está cayendo”, “ya sabes cómo es, procura no ir por delante”, “conociéndolo, tenías que haber cedido tú”, etc.
Los hay, incluso, que se ufanan proclamando que sienten “sana envidia” por esto o por aquello, como si la pelusilla que padecen pudiera ser benéfica. No nos engañemos, la envidia nunca es sana, porque no incita a mejorar ni a superar los obstáculos, sino que se convierte en odio y en desearle todo lo peor a la persona envidiada, a ridiculizarla y, en casos extremos, a acosarla o maltratarla.
La envidia son celos, es inseguridad, incapacidad de disfrutar con lo que se tiene y, en definitiva, un trastorno del alma. Compadezcamos a los envidiosos, porque seguro que sufren, pero guardémonos de ellos, porque pueden hacernos la vida imposible.

14 de abril de 2011

La república de los pantalones


 14 de abril. 

Dürrenmatt y el Coliseo


Siempre ha habido mecenas y promotores que ponen su dinero para que una empresa artística, cultural o deportiva salga adelante y no se extinga. En el pasado y en el mejor de los casos, se colocaba una placa o un busto en su honor, para que las generaciones venideras pudieran saber quién fue el prócer que contribuyó con su patrimonio a tan grandiosa tarea. Otras muchas veces ese benefactor quedaba en el anonimato.
De un tiempo a esta parte, asistimos a una curiosa variante del género bienhechor o protector. ¿Se han dado cuenta de que muchos teatros llevan el nombre de una marca comercial? Me refiero a locales señeros, con casi un siglo de antigüedad, que han contribuido a la historia de su ciudad. Por ejemplo y sin salir de Madrid, el Calderón se llama como unos helados y el Rialto como una compañía telefónica. No me imagino a las musas dándole a la stracciatella ni mandando mensajes a móviles, así que siempre me pareció que sobraban esos apellidos comerciales. Discúlpenme, pero aún soy romántica.
De los equipos de baloncesto o balonmano, mejor no hablamos, porque a los nombres que conocemos desde niños les han salido unos apéndices que los emparentan con jabones, cementos, bancos, lácteos y mil cosas más. Y no estoy hablando en sentido figurado, porque habrán oído alguna vez lo de Jabones Pardo-Fuenlabrada, Metrovacesa-DKV Joventut o CAI Zaragoza.
Ahora bien, el premio al mecenas más interesado se lo lleva la firma Tod´s, que, a cambio de poner dinero para unas obras que van a realizarse en el Coliseo de Roma y con las bendiciones de Berlusconi, podrá gestionar la explotación turística de ese monumento (patrimonio de la Humanidad), sembrarlo de publicidad propia, poner un córner para vender sus zapatos y accesorios y estampar su firma en los tickets de entrada. ¿Hay quien dé menos por más?
El viejo aforismo “lo que no está prohibido está permitido”, a base de aplicarse a todo tipo de cosas, de naturaleza variada y con fines diversos, se aleja cada vez más del soplo de libertad que en su día lo inspiró y, aunque algunas de esas cosas no sean en sí mismas ilegales, pisan el campo de lo feo. En “La avería”, Friedrich Dürrenmatt  disecciona esta idea a través de unos personajes que, ya jubilados, juegan a hacer la justicia que en su momento no pudieron hacer. Me pregunto cómo encauzarían el caso Tod’s-Coliseo, donde ética y estética no salen bien paradas. 

8 de abril de 2011

Cuestión de tiempo



Los griegos idearon al dios Chronos como el dueño de los días, los meses, los años, las etapas, las edades.... Se trataba de una deidad creada a sí misma, lo que nos avisa de su poderosa naturaleza, de su indómita razón, de su superioridad en suma. Por eso se permitía vagar alrededor de todas las cosas, envolverlo todo. Se diría que, hagamos lo que hagamos, el tiempo siempre está allí, inexorable e imperturbable.
Será por eso que el cambio de horario primaveral me sienta tal mal. Por más que se empeñen las autoridades y cambie las manecillas del reloj a la hora indicada, mi mente y mis entrañas se aferran al camino que le señala Chronos. Cuando me levanto, no son las 6:45, por más que me engañe. En realidad son las 4:45, porque vivimos con dos horas de adelanto en relación con el Sol. Comprendrán que me sienta gallina que se pregunta por qué este baile absurdo de cambiar las horas dos veces al año. En esta Yenka particular que nos imponen desde hace varias décadas y que se justifica por la necesidad de gastar menos energía, me pregunto cada mañana qué clase de ahorro de es este, cuando lo primero que hago es encender las luces de mi casa, para alumbrarme y no llevarme por delante la esquina de la cama o el canto de una puerta, por ejemplo.
Sé que el tiempo se concibe como una convención más; son las siete o las diez porque todos estamos de acuerdo en que así sea. Es la victoria pírrica de los mortales: jugar a cambiar la apariencia de las cosas. Por eso no me extrañaría que, en unos años, decretaran que debemos contar el tiempo al revés, so pretexto de eficiencia laboral o aprovechamiento de los recursos.
Hagamos lo que hagamos, ese dios firme e impasible, señor de las horas, que nos lleva la cuenta exacta de los minutos vividos, nos seguirá acompañando invisible cada día y nos recordará que a él no lo creó nadie y, por lo tanto, nada lo cambia, nadie lo amolda.... ni tan siquiera el meridiano de Greenwich.



31 de marzo de 2011

Bancos y bancos


Hay muchas formas de aprender historia: leyendo, escuchando, visitando lugares, frecuentando museos, etc. Reconozco que las que más me gustan son las dos últimas, porque me permiten interpretar lo que veo, pensar por mí misma y sacar conclusiones, zambulléndome, así, en una de las facetas de la libertad por la que siempre he sentido especial predilección: la libertad de pensamiento.
Paseando por Frankfurt, ciudad que aparece en la foto que ilustra este post, me vino la idea de que las instituciones financieras son las modernas catedrales. Quien haya pasado por delante del Fondo Monetario Europeo sabrá por qué lo digo, pues el edificio y explanada donde se ubica se asemejan a esos santuarios donde acuden los peregrinos a reconciliarse con sus santos, vírgenes y dioses.  En vez de cruz, se levanta ante nuestros ojos el símbolo del euro rodeado de estrellas que, cuando les da el sol, refulgen como la corona de la Inmaculada Concepción. Tras esa "e" gigante, se elevan pisos y más pisos de oficinas, agrupadas en un rascacielos tan esbelto como las agujas de una iglesia. Ese edificio mira al cielo y lo desafía, imponiendo aquí abajo su ley y su orden.
Si nos damos una vuelta por las sedes bancarias erigidas entre finales del siglo XIX y principios del XX,  podremos observar cómo en las fachadas suelen colocar estatuas o bajorrelieves de deidades clásicas. La más común es la de Mercurio, tanto en figura antropomórfica, como a través de sus símbolos. Además, en su interior suele haber tesoros artísticos en forma de lámparas, sillas, mostradores, paneles claramente decó, estilo imperio, Luis XV, chipendale u otros.
Pero no solo se trata de templos, sino también de oficiantes. Tal y como ocurría en el pasado con curas y obispos, hoy nada se mueve o se aquieta si no es con el beneplácito de banqueros y financieros. A ellos se les consulta, cual oráculo, hasta la sucesión de candidato a la presidencia gubernamental. Ellos deciden cuándo y cómo podemos  endeudarnos, cuánto vale nuestra felicidad y en qué índice cotiza la esperanza. Ejercen el verdadero poder terrenal y ante ellos nos confesamos a diario, cada vez que introducimos una tarjeta por la ranura del cajero automático. Lo saben todo de nosotros y, como aún no han inventado el modo de perseguirnos hasta la otra vida, perseguirán a nuestros herederos y los castigarán por las faltas cometidas por quienes les precedimos.
Es la moderna religión, tan alejada de esos bancos de madera en que los prestamistas y cambistas de la Edad Media aguardaban a los mercaderes en día de feria. En la Lonja de Valencia todavía pueden verse esas bancadas primigenias, al igual que las primeras cajas donde guardaban el dinero y otros efectos. De esa actividad mercantil quedan solamente dos palabras: "banco" y "caja de ahorros". El resto ya es historia o, como acabo de decir, religión del trágala y a callar. Yo, respecto a ella, me declaro atea.

29 de marzo de 2011

Cuadernos


Me apuntalaré al espacio / 
que recortan tus cuadernos, / 
te cubriré de espuma perfumada, / 
tañiré los laúdes de la sonrisa, / 
crecerá mi sombra / 
por entre tus cabellos ... / 
y serás como mis ojos, / 
similar a mis venas, / 
carcajada de agua / 
en mi garganta, / 
espasmo jubiloso /  
sobre mi piel.
(A.Q. 1984)

Grullas zen


Hace un año que comencé a escribir estas entradas. Desde entonces han pasado muchas cosas, pero siento como si la tierra hubiese estado quieta, sin tan siquiera girar sobre sí misma. Al fin y al cabo, me azuzan hoy los mismos anhelos que hace doce meses. Será que a partir de cierta edad los cambios resultan imperceptibles.... epur si muove, que dijo Galileo.
Tras la desgracia que se cierne sobre Japón, se ha abierto una ventana de esperanza a través de la iniciativa de las mil grullas. Para quienes aún no sepan de qué se trata, les dejo este enlace donde informarse: http://las1000grullas.wordpress.com/. En el fondo, se trata de un ejercicio de paciencia, un mantra papirofléxico de buenos augurios, un acto de desapego. Cada vez que alguien pliega el papel hasta darle la forma requerida, eleva su voz en silencio, pidiendo clemencia a los dioses con un pueblo nipón tanta veces castigado. 

NOTA: Hoy también mando una grulla a Guerrero Zen del Té Rojo. Espero que se recupere pronto de una delicada operación a la que se sometió ayer.

18 de marzo de 2011

Silicon shield


Hasta ahora sabía que la utilización de prótesis mamarias suele obedecer a fines estéticos, reparadores o de reasignación de género. Es decir, lo he venido ligando al deseo de aumentar o levantar lo que se tiene, reconstruir lo que una enfermedad o accidente se ha llevado, o revelar la verdadera condición sexual. Sin embargo, entre las utilidades de portar grupúsculos de silicona, reconoceré a partir de ahora la de defensa o salvavidas.
Hace unos días escuché que una serpiente venenosa murió tras morder en un pecho a una actriz que jugueteaba con ella e intentaba darle un beso (yo no soy capaz de hacer esto ni por todo el oro del mundo). Las malas lenguas dicen que el animal falleció intoxicado por la silicona; otras lenguas avisan de que el óbito se debió seguramente a la asfixia, al obstruir algún trocito de silicona ciertos conductos del reptil.
Por si esto fuera poco, la empleada de una consulta odontológica de Berbely Hills vio peligrar su existencia cuando el marido de una compañera, a la que ella sustituía en ese momento, irrumpió en la clínica tan cegado por la ira, los celos o la rabia, que apretó el gatillo del rifle que esgrimía antes de percatarse de que aquella señora no era “la suya”. Menos mal que el proyectil quedó alojado en el pegajoso relleno de sus senos artificiales.
Tiempo atrás, los niños de este país se entretenían con unos dibujos animados donde uno de los personajes expulsaba misiles de sus pechos. Como nunca me congracié con la “habilidad” de esa heroína mecánica y me pareció un recurso pobre, chusco y hasta ordinario, opto por quedarme con la función protectora que puede tener un busto, en un momento dado.

17 de marzo de 2011

Aldecoa, Josefina


Adoptó el apellido de su marido y no lo empañó ni comerció con él. Al contrario, lo dotó de luz y cualidades propias, impregnándolo de la naturalidad con la que hablaba de su profesión-pasión: la enseñanza. De esta faceta yo resaltaría lo que la oí decir una vez:  "no queremos (en el colegio que dirigía) que los niños sean los mejores, sino poder sacar lo mejor de cada niño".
¡Cuántos problemas nos evitaríamos si hubiera mucha gente que pensara así!


11 de marzo de 2011

Japón

Hay muchas palabras por decir, pero hoy me sobran todas....

4 de marzo de 2011

A media luz


Quienes hayan brujuleado alguna vez por mi perfil en la red habrán visto que, entre mis preferencias librescas, enumero en primer lugar “El elogio de la Sombra”, de Junichiro Tanizaki. Nos cuenta este autor que, para el gusto estético japonés más ancestral o tradicional, las sombras son lo importante. Captar su misterio y desentrañar sus entresijos forman parte del ideal de belleza en sentido amplio, es decir, el que abarca a seres, lugares, objetos y conceptos.
Para que pueda surgir esa sombra, debemos estar en penumbra, es decir, asentados en esa tenue línea suspendida entre la luz y la oscuridad. Todo un ejercicio de equilibrio, si bien se mira.
No basta lo que vemos, sino lo que entrevemos, sospechamos o imaginamos. Así, envuelta en penumbras, una moneda que se desliza puede volverse un ratón huidizo e incluso podremos confundir el sonido del frigorífico con alguien que hurga en la puerta, en nuestra puerta. Supongo que percibir unas cosas u otras dependerá mucho de nuestros anhelos, emociones o sentimientos más íntimos, así como de la experiencia, pues a mí me resultaría muy difícil proyectar en las sombras todo aquello que desconozco.
Lo que me atrae de todo esto es que cualquier crepúsculo puede convertir la realidad en algo onírico y, por ende, sacar a flote un mundo donde las cosas sucedan porque sí, sin necesidad de buscar razones.
El pasado domingo asistí a la representación de “Penumbra”, de la compañía teatral Animalario. Miré y observé casi sin pestañear, analicé cada palabra de los diálogos, al final aplaudí y más tarde reflexioné, desmenucé y volví a reflexionar... casi igual a como me ocurre cuando despierto de un sueño.

25 de febrero de 2011

Mensajes cifrados



No es necesario pronunciar palabra para decir muchas cosas. Hay personas que van levantando muros con su postura o su actitud. Cerrar la puerta que siempre permaneció entornada, declinar invitaciones, hablar con hueca sonrisa... En definitiva, van retirando la mano que un día tendieron y quizá también, sin pretenderlo, se van quitando la máscara.
Mi principal problema es que, a veces, no termino de enterarme bien de qué narices pasa y, desde mi desinformación, provoco sin querer más y más testimonios mudos de diques distanciadores. El resultado suele ser que, cuando me caigo del guindo, me siento ridícula y tonta, muy tonta.
Por eso pido que, por favor, conmigo utilicen las palabras. Muchas gracias.

23 de febrero de 2011

Flor de pasión


Si pudiera llevarme a una isla desierta  un programa de radio, ese podría ser “Flor de pasión”,  de Juan de Pablos.  Hace tiempo que no lo sintonizo, pues en los últimos cuatro años mis horarios coinciden poco con mis deseos.  A falta de su compañía, me conformo fotografiando flores de la pasión…. Pero no es lo mismo.

Cuestión de elegir


Me pregunto dónde beberán estas plantas cuando tengan sed: ¿en el lavabo o en el bidé? Vaso ya les han puesto...

23-F



Durante la Edad Media, Guillermo de Ockham sentó el principio según el cual, si coexisten varias teorías para explicar lo mismo, debemos decantarnos por la tesis más simple. Sin embargo, que levante la mano quien no ha optado alguna vez por mirar el mundo a través del catalejo de lo complicado. Quienes ven a Elvis por ahí, o están seguros de que Walt Disney se encuentra hibernando pacíficamente a la espera de que la ciencia lo devuelva al mundo mortal, se apartan por propia voluntad del principio de economía al que me refería al comienzo de este post. Y es que una novela de misterio da más juego que la evidencia. 
Supongo que en estas cosas pesan mucho los intereses de cada cual, sus aficiones, sus mitos y hasta sus miedos. Por eso, somos capaces de alistarnos a una de esas suposiciones extraviadas, pero desechar otras que resultan igual de sinuosas, cuando no absurdas. Suele llamarse a todo eso teoría de la conspiración, frase ambivalente que sirve lo mismo para ver la larga mano de los servicios secretos en la muerte de Marilyn, que para intentar ahora convencernos de que el fallido golpe de Estado del 23-F era en realidad una maniobra democrática. 
A mí también me cuesta creer siempre en las versiones oficiales, de hecho me encanta lo oficioso. Pero cuando escuché por la radio, en directo, aquello de “quieto todo el mundo”, los disparos y lo que vino después, pensé en una maniobra involucionista. Aún hoy, a treinta años vista y en mi cortedad de miras, no asocio los tanques por Valencia con un acto libertario. Ni tan siquiera liberal.     

20 de febrero de 2011

Lo cursi


En 1864, Francisco Silvela publicó un opúsculo sobre la cursilería.  Merece la pena leerlo, pues lejos de adoctrinar, va lanzando sus dardos con tal elegancia, maestría y humor que nadie puede sentirse molesto por lo que allí escribe.  Al comienzo de sus páginas , nos apercibe de que todo el mundo aprecia como insulto si se le califica de cursi, cosa que no ocurre con otros epítetos más groseros o con acusaciones más graves. Se diría, por tanto, que ninguno lo queremos ser. ¿Por qué?, es un misterio.
Bien mirado, la cursilería depende mucho de la propia sensibilidad; yo misma pareceré cursi a algunos. No es cuestión de lazos ni rizos, sino de afectación. Por eso, para mí lo cursi tiene que ver con lo que se imita sin sentido, lo que se hace sin saber, lo que se dice por repetición.  Tampoco tiene que ver con el mal o buen gusto de nadie, pues hay cursis muy correctos y elegantes.
Lo cursi es mediocre, porque, a fuerza de simular y copiar lo que nos deslumbra de fuera, ahogamos nuestra capacidad de ser auténticos.

NOTA: El libro al que me he referido se titula “La Filocalia o Arte de distinguir a los cursis de los que no lo son”. 

19 de febrero de 2011

Las siete y media


 Es conocida la cita de Buda relativa al punto medio de las cosas, a propósito de un músico que o dejaba muy flojas las cuerdas de su instrumento o, por el contrario, las tensaba demasiado; en ninguna de las dos situaciones sacaba notas armoniosas, de ahí que el maestro se sirviera de ese episodio para mostrar a sus seguidores que el equilibrio y la virtud se encuentran en ese punto medio, tan difícil de alcanzar.
Les cuento esto porque en Barcelona se está representando el musical “Hair” y, como los protagonistas son hippies en plena década de los sesenta, salen fumando. Quienes ya tuvimos ocasión de ver hace años tanto la obra de teatro como la película de Milos Forman, sabemos que la marihuana tenía su minuto glorioso, al igual que los chalecos de flecos, los pantalones, las flores, el pacifismo y, cómo no, el pelo largo.
La nueva función se ha topado de lleno con la actual ley antitabaco, porque un ciudadano de pro, en legítimo uso de sus derechos, ha denunciado a los artífices del musical, pues está prohibido fumar en todo espacio público y, claro, el teatro lo es. Su director, actores y productores han alegado que no se fuma tabaco, sino una mezcla de hierbas balsámicas o medicinales que no dañan la salud y cuyo consumo en forma de humo no está sancionado.
Cuando se promulgó la anterior ley antitabaco (endurecida ahora por la actual), en algunas representaciones colgaban carteles avisando de que, por exigencias del autor, alguno de los personajes salía cigarro en ristre. La cuestión se fue relajando y los espectadores y autoridades también, porque tampoco hay tantas obras con fumadores. Pero ahora reaparece el fantasma de lo correcto, lo reglamentario, atizado (no lo neguemos) por la propia ministra de Sanidad y varias asociaciones. Se trata del mismo espectro ridículo que en Francia llevó, no hace tanto, a eliminar la pipa de los carteles de la película “Monsieur Hulot”, de Jacques Tati, o el cigarrillo de entre los dedos de Jean Paul Sartre, en una conocida fotografía del filósofo (menos mal que las aguas volvieron a su cauce).
Tabaco, hierbas aromáticas, vapor de agua  o lo que sea, el caso es que unos personajes tienen que salir fumando porque, si no, seguramente serían otros caracteres, otro contexto, otra trama. Desde pequeños hemos sabido que, cuando en el teatro o en un film alguien salía ebrio, en realidad no estaba bebiendo alcohol, sino que lo parecía. Lo mismo cabe decir de los tiros de pistola y tantos otros trucos.
Me parece peligroso percibir la vida tan solo en dos colores: negro o blanco, sin matices. El “o todo o nada”, sin contextualizar ni relativizar, llevó a la amantísima mamá de la peli de John Waters a convertirse en una asesina en serie. Recordemos cómo ella (interpretada por una maravillosa Kathleen  Turner) se ponía enferma si observaba que el vecino no reciclaba la basura o un miembro del jurado que la estaba juzgando llevaba zapatos blancos en un día que era incorrecto ponérselos. La intransigencia la llevó a limpiar la ciudad de indeseables.
En España hay un juego de cartas aparentemente fácil y anodino que se llama “Las siete y media”, pero quienes lo han probado saben que resulta complicado acertar con la suma de los naipes, para no pasarse del límite. ¿Jugamos?

NOTA: Tengo que aclarar, a quienes no me conocen, que no he fumado nunca y que siempre me molestó oler a tabaco, pero hay cosas que se pasan de castaño oscuro.

6 de febrero de 2011

Domingos



Los domingos siempre han sido para mí como una calle adoquinada donde resuenan los tacones de la única paseante que la transita. Son páginas en blanco para escribir o dibujar el contrapunto de la semana, con el trazo que queramos, con la tinta que nos venga bien. 
De niña, el domingo era sinónimo de "ir con papá"y escaparme de la rutina materna. Anclarme al que salió de casa y recargar la batería de mi corazón compartiendo unos momentos que yo atisbaba como únicos y fuera de serie.
Después vinieron los domingos de codos y concentración, los de trabajo y también los de salir con amigos y los de ir con mi amor, los de hacer mudanzas o limpiar la nevera, los de arroparme con una siesta larga y hasta los de salir corriendo por una urgencia. 
Pero todos los domingos me han regalado, hasta ahora, la oportunidad de estar de otra manera, de mirar afuera y emprender la ruta que marca esa calle vacía.

4 de febrero de 2011

Fin de jornada


Tocado de muerte
ya está el día.
El autobús llega
y mi sombra ya no existe.
Es la hora de reconocernos
en nosotros mismos.
(A.Q. "Electuario", 1984)

Profeta Bradbury



Llevo dos días entregada a la relectura de "Farenheit 451". Reconozco que, cuando buceé en sus páginas por primera vez, era una jovencísima estudiante de primero de carrera, que había visto ya la película en un cine-fórum de colegio mayor. Los comentarios y análisis hechos en aquel evento marcaron la lectura de entonces, como era natural, por lo que en mi fuero interno siempre había algo que igualaba las peripecias de aquellos personajes con el nazismo y las inquisiciones más oscuras (si es que alguna clarea).
Lo curioso de la novela es que hoy no me hace falta remontarme a otras épocas para reconocer que el reaccionario, controlado y asfixiante mundo que describió Ray Bradbury en 1953 concuerda demasiado bien con lo que nos toca vivir aquí y ahora. Me inquieta comprobar que aquello que ese escritor situó en un futuro lejano, en apenas medio siglo ya se va haciendo visible, como por ejemplo limitar la vida de los seres humanos a permanecer horas delante de las pantallas planas de televisores que expelen voces, canciones absurdas, consignas para hacerte creer que vives en el mejor de los mundos y eres más feliz que nadie, sobre todo si te comparas con quienes te precedieron.
En el imaginario país de Bradbury, se prohibieron los libros para no molestar a las minorías, para no salirse de la corrección política, para no perturbar el pensamiento único. En ese mundo, se reducían los años de universidad, la historia se manipulaba, el lenguaje se pervertía continuamente sin importarle nada a nadie. Como llega a decir Beatty, el capitán de los bomberos, exaltando el sistema que los envuelve, "la vida es inmediata, el empleo cuenta, el placer lo domina todo después del trabajo. ¿Por qué aprender algo, excepto apretar botones, enchufar conmutadores, encajar tornillos y tuercas?".
Llevo dos días entusiasmada con la lectura de un relato tan atrayente, pero al mismo tiempo se me hiela la sangre al comprobar que muchas cosas que para mí eran reflejo del autoritarismo más acérrimo y cruel allá por mis diecisiete años, hoy me circundan y me las envuelven en celofán democrático.
Lean "Farenheit 451", antes de que la quemen.

Aislados



Cada vez hay más personas que caminan, corren, se trasladan en autobús, trabajan o miran el infinito con unos auriculares puestos. En ocasiones escucho los sonidos que acceden a través de sus orejas y van a depositarse en sus cerebros. Y pienso que, si yo lo oigo, las paredes de su cráneo deben retumbar como una discoteca. ¿Verán también luces destellantes?.
Se cruzan dos chicos al final de la adolescencia. Diríamos que se conocen, pero ninguno tira del cable para desprenderse del prematuro audífono. Se saludan con un movimiento de cabeza y cada cual sigue su camino.

19 de enero de 2011

Feligreses especiales

"Antón, Antón, Antón Pirulero, cada cual, cada cual que aprenda su juego
 y el que no lo aprenda pagará una prenda." 
(Canción popular infantil)

El día 17, al borde de las ocho y media de la tarde, me pasé por delante de la iglesia de san Antonio Abad, en la calle Hortaleza de Madrid. Todavía llegaba gente con sus animales de compañía, buscando la bendición para esos seres que, a veces, dan más alegrías a sus dueños que las propias personas. Me sorprendió que algunos entraran con la mascota en el recinto eclesiástico y, por ver qué pasaba, ni corta ni perezosa franqueé la puerta.
Un sacerdote oficiaba la misa y, con los bancos y pasillos abarrotados, como si se tratara de una boda real, pude observar a decenas de animales escuchando al cura. Sí, sí, como lo cuento. Allí no se movía ni un chucho, ni un minino, ni un pájaro; en el suelo o en brazos de sus amos, callaban y dejaban que el oficiante cumpliera con el rito, pero ninguno de ellos osaba gruñir, bufar, maullar o ladrar. Me sorprendieron el silencio y los buenos modales de todos ellos.
En seguida se me presentaron imágenes de dibujos animados, historietas en las que los protagonistas son animales con costumbres y sentimientos antropomórficos, es decir, esa gata alocada que se enamora de quien no debe, el perro policía que patrulla por callejuelas, el ratón que vuela con capa de superhéroe, la tortuga que se entrena en un gimnasio, etc.
Afuera era de noche, seguían llegando mascotas para la última bendición de la jornada y me fui cantando para adentro la canción del Antón Pirulero, porque dentro de la iglesia cada cual aprendió el juego.

 

10 de enero de 2011

Voces martilleantes


A propósito de los incidentes de Tucson, algunos ven en el Tea Party la sombra ideológica que arrastró al joven Jared Lee Loughner a disparar, en un acto público, contra una congresista y la multitud que allí se encontraba, dejando varios muertos y heridos. Hay quien señala a la señora Palin como el dedo instigador de todo ello, por cuanto ha dicho, dice y tal vez dirá en torno a la política de inmigración y otras cuestiones. Tampoco faltan quienes tachan esta teoría de absurda y hablan de lo fácil que es acceder a un arma en Estados Unidos, recordándonos que acciones parecidas se han llevado a cabo en muchas ocasiones, sin que necesariamente medie ninguna doctrina o pensamiento político (pensemos en el atentado contra Lennon o la matanza de Columbine).
Hace muchos años, vi en televisión una película antigua, en blanco y negro, que no recuerdo cómo se titula ni quién la interpretaba. Tampoco estoy segura de haberla visto entera, pero hay una escena que no he olvidado y que, a menudo, la comento con los más próximos: entra en un establecimiento, mezcla de cafetería y colmado, un forastero que entabla conversación con el dependiente, un hombre mayor, enjuto y de aspecto frágil. El recién llegado se interesa por la vida en el pueblo y las aficiones de sus moradores, a lo que el señor de detrás del mostrador le comenta que ya no escuchan la radio como antes, que ahora solo oyen música, “para no ponerse nerviosos”.
Raro es el día que no me acuerdo de ese diálogo, porque lamento mucho decir que algunos políticos, periodistas y comunicadores son especialistas en caldear el ambiente. Hoy todo el mundo presume de demócrata y enarbola la bandera de la libertad de expresión (bendita sea), pero bajo esos postulados a menudo se insulta, se ridiculiza, se exagera, se manipula y hasta se miente... y todo por servir a determinados intereses (el partido, el lobby, la organización, la empresa que nos contrata, etc.). Aunque no interese la política, siempre hay un resquicio para pensar que nuestros representantes y mandatarios hacen algo que nos perjudica a nosotros o a los nuestros. Si, encima, nos lo recuerdan machaconamente a diario en actos, comparecencias, mítines, tertulias radiofónicas, debates televisivos, artículos de prensa, etc., la bilis se va acumulando y el nivel de enfado crece. Es decir, que nos ponemos nerviosos, como en la peli. ¿Y sabemos todos manejar nuestros nervios?
No debemos dejar de lado que la mayoría de la gente no es ni escéptica ni cínica y que se nutre de lo que escucha a quienes se presentan como más preparados o informados. Si se discute apasionadamente por un equipo de fútbol, ¿cómo no va a decantarse la gente, con igual ardor, por unos u otros en según qué temas?
Sin ir más lejos, el mismo día que entró en vigor en España la llamada ley anti-tabaco (el pasado 2 de enero), a un hostelero le tuvieron que dar varios puntos de sutura en la frente, por indicar a un parroquiano que no fumara dentro de su negocio, y en un hospital un hombre acabó detenido, porque su negativa a apagar el pitillo desembocó en una agresión al personal sanitario.
Ejemplos hay a cientos, tanto en este como en otros temas, en nuestro país y fuera de él. ¿A qué viene tanto coraje desaforado, que normalmente coincide con largas y profundas “campañas de opinión”? Estoy de acuerdo con quienes mantienen que cada cual es responsable de sus actos, pero ciertos individuos hacen cosas incorrectas e inadmisibles creyéndose legitimados por lo que han escuchado a terceros, sintiéndose arropados por estos y animados, inconsciente e involuntariamente, por el continuo martillero de sus palabras.
Moraleja: ni todo el mundo es de piedra, ni todo cae en saco roto.

4 de enero de 2011

Me gustaría


Me gustaría ser Rey Mago y salir en cabalgata. Dejaría que la chiquillería se sentara en mis piernas y, al oído, con voz emocionada y temblorosa, me confiara sus verdaderos deseos: que resucite el hámster, que sus padres ya no discutan por el reparto de vacaciones, que el perro se ponga bueno, que al yayo no le duelan las piernas, que la señorita Pilar toque otra vez la flauta en clase, que vengan los tíos a su cumpleaños, que la pediatra le regale otra libreta, que le dejen jugar con agua y barro, que la próxima nevada dure cien días, que mamá no chille, que la nueva cuidadora los lleve al parque, que el portero le enseñe la caldera, que su hermanito más chico crezca pronto, que papá venga antes de trabajar, que la leche no tenga nata, que siempre sea verano, que su compañera Cati deje de apretarle la barriga...
Mientras tanto, otros reyes y otros pajes volverán a repartir los artefactos con que los adultos callamos la voz de los pequeños... y de nuestra conciencia.

3 de enero de 2011

Bajo un árbol

La Puerta del Sol y aledaños han sido literalmente tomados por la gente estas navidades. ¡Cuándo no!, exclamarán algunos, y puede que hasta tengan razón.... Solo que es la primera vez que he buscado cobijo bajo el abeto artificial (diseñado por Ágata Ruiz de la Prada) que el Ayuntamiento plantó frente a la Casa de Correos. Allí, resguardada por las luces que lo componen y en compañía de otras almas, me sentí erizo, lechuza, koala, ardilla, pájaro carpintero, mapache... Y fui feliz.

22 de diciembre de 2010

Cruce de caminos


Dicen que la casualidad no existe y a mí me gusta pensar que es así. Por eso creo que hay algo de maravilloso en lo que ha pasado. Les cuento:
El lugar donde trabajo colabora con algunas entidades para que el alumnado de ciertos cursos realice sus prácticas. En los primeros meses de este año que ahora termina, contamos con la presencia de una chica que se trasladaba semanalmente desde su Vizcaya natal. Terminado su prácticum, volví a tener noticias suyas en una sola ocasión, al poco tiempo de concluir su etapa de aprendizaje.
Pero hace dos días volvió a escribirme y, entre otras cosas, me facilitaba una fotografía muy parecida a la que yo he colgado en mi post siciliano VIII. Ella la tomó la primavera pasada. Yo la hice en agosto. Vean y comparen. Esta es su instantánea:


Y esta la mía:


Si ya es coincidencia que, viajando a Sicilia en fechas diferentes, vayamos a pasar por la misma calle sin habernos puesto de acuerdo, díganme si no es sorprendente que a las dos nos inspire la misma casa y el modo de tender la ropa.
Gracias otra vez, Eva. Espero que no te moleste esta referencia personal.

Navidad, Saturnales o la Marimorena


Me gusta la Navidad o, mejor dicho, el tiempo navideño. Observo este paréntesis en la rutina y comienzo a percibir los buenos augurios del solsticio. Ya falta menos para que los días comiencen a crecer y, como ser gaseoso que soy (mi elemento es el aire), reconozco pequeños y paulatinos cambios en las alboradas, que orean otros aromas, otros sabores, otros colores.
El Sol regresa a nuestras vidas por estas fechas; quizá por eso lo invocamos sembrando brillos y destellos a nuestro alrededor, a la par que nos entregamos a ritos que hunden sus raíces en tiempos lejanos. No es casual que los cristianos tomaran prestada de los romanos y otros pueblos anteriores la data conmemorativa del nacimiento de su dios hecho hombre y que se le reconozca como “la luz del mundo”. Al fin y al cabo, lo llamemos como lo llamemos, son días en que se celebra el destierro de las tinieblas.
Feliz Navidad a todas y a todos.

16 de diciembre de 2010

Soledad



Entro en un bar y pido un té con limón. Tienen puesta la televisión, donde entrevistan a una señora de edad incierta que enseña a cámara la fotografía (bastante ampliada, para que se viera bien) de la persona a la que ella tilda de ‘asesino’. Dos mujeres que, sentadas a mi derecha, comparten barra conmigo, comentan la noticia y ofrecen su opinión al respecto. El camarero entra en la charla y dicta su veredicto: “esto se arreglaba con dos tiros en la espalda” (al de la foto, por supuesto) y remata la faena aconsejando el tipo de arma: una parabellum. Otras personas presentes en el local afirman cosas parecidas. Pago mi té y salgo pitando de ahí.
Ya en la calle me pregunto por qué razón causa más alarma (para el Gobierno) un conflicto laboral, que la actitud agresiva con que muchos compatriotas zanjarían los casos de violencia, justficando a estas alturas el Talión más intransigente. Intentando explicarme lo inexplicable, pienso que las dictaduras largas desgastan tanto a las sociedades, que estas no se recuperan en muchísimo tiempo, aunque el sátrapa esté muerto y remuerto.
¿Pero, en el fondo, no es lo mismo gestionar el problema de los aeropuertos a golpe de tanqueta, que aplicar el fanatismo delictivo a ciertos crímenes? ¿Cuál es la causa y cuál es el efecto?
Mientras se me agolpaban en la frente pensamientos de todo tipo, supe que nado a contracorriente y noté de pronto el sabor de la soledad.

1 de diciembre de 2010

Episodios sicilianos (y VIII): Cuidando la ropa


¿Cuál es el cometido del santo de la hornacina? ¿Protege la ropa de la lluvia, de los ladrones...? ¿Vela por que no se caiga el tendedero?

19:30


Hace años, viendo un programa de la RAI, se me heló el corazón al escuchar a Giulio Andreotti, entonces procesado por corrupción, justificarse y legitimar sus acciones en lo que para él era la naturaleza normal de la política. Vino a decirnos, a los idiotas de siempre, que todos los Estados, desde que el mundo es mundo, han tenido sus cloacas, sus cadáveres en los armarios y sus trapos sucios. Este anciano ha ocupado siempre cargos relevantes desde la segunda mitad del siglo XX, por lo que sabía de qué hablaba.
Esta semana la prensa se despacha a gusto con las últimas filtraciones de Wikileaks, que en algunos puntos afectan a España, concretamente en lo relativo a la guerra de Irak, el caso Couso, Guantánamo, etc. Como hace mucho que dejé de confiar en los políticos (la vez que confié nos metieron en la OTAN los mismos que se manifestaban conmigo a favor de la neutralidad), nada de lo supuestamente filtrado me sorprende, pero no quita que, en caso de ser cierto y como me ocurrió al escuchar a Andreotti, sienta una honda amargura y tremenda tristeza.
Vaya por delante que creo firmemente en la presunción de inocencia y que desearía con todas mis fuerzas que nada de lo aparecido en esos informes fuera verdad, pero parece que algo de realidad sí recogen, malgré tout. Así que respiren hondo, saquen el pañuelo o suspiren cuanto quieran, porque no ha cambiado nada desde los tiempos de Julio César. Nuestros dirigentes, que permanecen sentados cuando desfila la bandera estadounidense, al parecer intentan tapar la responsabilidad de los marines en la muerte de un cámara de televisión español. Nuestros dirigentes, que cuando estaban en la oposición enarbolaron el “no a la guerra”, siguen enviando militares a diferentes puntos bélicos del planeta. Nuestros dirigentes, que abrazan el principio de “justicia universal”, aparentemente están detrás del intento de que los tribunales no procesen a determinados americanos por un crimen de guerra. Nuestros dirigentes ponen velas en todos los altares, en aras de lo que para los diplomáticos norteamericanos, según Wikileaks, es un claro afán de no perder votantes.
En la obra teatral 19:30, de Patxi Amezcua, los personajes hablan de “sacrificar las torres para salvar a la reina”. ¿Quién será la torre?

30 de noviembre de 2010

Episodios sicilianos (VII): Ferragosto y mi despacho

Italia cierra entre el 15 y el 16 de agosto. Las populosas calles se vacían de gente, decidida a celebrar en plena canícula una especie de nochevieja veraniega. Al filo de la medianoche, cientos de personas acuden a playas, ríos, piscinas o fuentes para bautizarse con agua de fiesta. Balcones y ventanas se llenan de velas encendidas, esperando la madrugada, para sumergirse, con el alba, en el obligado letargo del día siguiente. Se me antoja que las ciudades se purifican con estos ejercicios de inactividad, en línea similar a lo que Christo Javacheff hace cuando cubre por completo esos objetos monumentales, islotes o edificios emblemáticos.
Acabo de encerrar en cajas de cartón libros, carpetas y papeles. Ya no existen para la vista, han perdido la identidad que albergaban como habitantes de un cajón o un estante. Cuando para ellos llegue su dieciséis de agosto, veré si aún conservan la importancia que les imprimí alguna vez.

Nota: La fotografía fue tomada este Ferragosto pasado, en una de las más céntricas y concurridas avenidas de Palermo. El equivalente a nuestra calle Alcalá, a la altura de Banco de España.

24 de noviembre de 2010

Lo que no me gusta



  1.  NO me gusta la palabra víctima, porque imprime carácter, fagocitando a la persona que denominan así, hasta el punto de estigmatizarla  para siempre.
  2. NO me gusta que hablen a los niños utilizando siempre diminutivos y palabras cursis. Son niños, no idiotas.
  3. NO me gusta el tono de los locutores deportivos cuando retransmiten algún encuentro, especialmente de fútbol. Me pregunto si hablarán así con su familia y amigos.
  4. NO me gusta lo extendida que está la mala educación.  
  5. NO me gusta comprobar que los bancos siguen ganando mucho a costa de los pequeños depósitos, que son precisamente los peor tratados y a los que más fríen con recargos y descuentos.
  6. NO me gusta que abandonen a los animales, ni que los maltraten.
  7. NO me gusta el burka.
  8. NO me gusta que en los restaurantes cobren por un plato lo que cuestan en el mercado dos kilos de la comida que lo compone.
  9. NO me gustan las consignas ni los adoctrinamientos, aunque vengan de "los míos".
  10. NO me gustan los topicazos políticamente correctos. Algún día dejarán de serlo. 
  11. NO me gusta el 99 % del cine que sale de la factoría hollywoodiense.
  12. NO me gusta que, cuando las cosas van mal, a algunos solo se les ocurra añadir algún delito nuevo al Código Penal o endurecer las sanciones de los que había.
  13. NO me gusta ser un coñazo, cuando lo bueno es cojonudo.
  14. NO me gusta que no se pueda cuestionar al Banco Central Europeo o al Fondo Monetario Internacional.
  15. NO me gusta que en muchos pueblos, para festejar a sus patrones y vírgenes, torturen toros, cabras, gallos, etc.
  16. NO me gusta que me toleren. Prefiero que me respeten.
  17. NO me gustan las trampas ni los chanchullos. Por eso me molesta que en mi país se tilde de "listos" a los aprovechados y caraduras.
  18. NO me gusta que mis impuestos los utilicen en mantener conflictos bélicos, aun disfrazados de "acciones humanitarias".
  19. NO me gusta que, por la radio o la televisión, al leer los titulares de la prensa escrita, hagan comentarios subjetivos. Eso debe quedarse para el artículo de opinión, el editorial o la tertulia.
  20. NO me gustan los best seller y menos si aparecen disfrazados de novela histórica. De novela tienen poco, pues les falta creatividad y destreza literaria; en cuanto a la historia, son poco más que el corta y pega de cualquier estudiante de Secundaria con la Wikipedia a mano.
  21. NO me gustan las ovejas merinas. Queda dicho.
  22. NO me gusta la pena de muerte ni la cadena perpetua, aunque existan en países a los que llamamos democráticos.
  23. NO me gusta que califiquen de "tontas" a las personas generosas.
  24. NO me gusta la falta de sentido de humor.... así que, por favor, no se tomen a la tremenda esta entrada bloguera.


El gran ojo

Siempre he sido aficionada a la ciencia-ficción. Además, crecí en una época en que el género gozaba de buena salud y frecuentemente se reeditaban relatos y novelas o se estrenaban películas ambientadas en el futuro.
Muchas de esas obras tenían puntos comunes entre sí, aunque sus autores trataran de aportar alguna nota original. Uno de esos lugares frecuentes era ese ser que todo lo ve, que vigila, acompaña y registra en su cerebro electrónico la vida de las personas. A veces, ese pope de la seguridad avisaba de peligros, advertía de ciertas normas o simplemente hacía cualquier gesto para que los humanos (sobre todo los humanos, por delante de androides o robots) recordaran que nada se escapa al gran ojo.
A estas alturas de blog, casi todo el mundo sabe que viajo en metro habitualmente y, miren por dónde, qué alegría me llevé al comprobar (con permiso de Santiago Auserón) que “el futuro ya está aquí”. Les cuento:
Miércoles 17 de noviembre, sobre las 22 horas. Estación de Cuatro Caminos. Cinco o seis personas por andén, esperando un convoy anunciado para dentro de seis minutos. De repente escuchamos no una voz, sino la voz: ‘No se pongan tan pegados al borde’, dijo de manera asertiva y correcta. Automáticamente, dos jóvenes de unos diecinueve o veinte años pegan un saltito al unísono hacia atrás, dándose por aludidos.
Lunes 22 de noviembre, sobre las 8,45 horas. Estación de Príncipe Pío. Los vagones a rebosar y, aun así, la gente intenta colarse por algún centímetro libre. Otras vez la voz. No era la misma, pero estaba claro que desempeñaba idéntico cometido: ‘El tren tiene cuarenta y dos puertas. No utilicen todos la misma’.
Bien usado, ese ojazo omnipresente puede ayudar en ocasiones. Lo malo es que, como se le cruce a alguien un cable (de su cerebro no-electrónico) y empiece a advertirnos de que el peligro puede morar en la casa de enfrente, o que nos quedan veintisiete minutos para llegar al colegio electoral (a votar, se entiende), o que somos unos descuidados por besar a un bebé sin mascarilla, no le arriendo a nadie las ganancias, pues el final de la historia ya me lo sé y me da miedo. Ahora que hemos matado a Dios, resucitamos fantasmas.

15 de noviembre de 2010

Episodios sicilianos (VI): Con la pancarta a cuestas


Siracusa y Madrid se parecen en algo: sus respectivos cuerpos de bomberos protestan contra sus patronos (es decir, los ayuntamientos de cada villa) y, para hacer visibles sus reivindicaciones, han pintado los camiones con diversos letreros. Allá por donde pasan, la gente no solo se aparta al escuchar las sirenas, sino que también se entera de que son colectivos en lucha.
Me imagino a otros grupos haciendo lo mismo: el profesorado escribiendo sus reclamaciones en la pizarra, en vez de fórmulas y declinaciones; los empleados de correos adhiriendo pegatinas con eslóganes incendiarios en las cartas y paquetes que pasaran por sus manos; los jueces con dorsales encima de sus togas pidiendo más medios materiales y humanos; las empleadas de hogar dibujarían sus demandas en los paños y gamuzas, que obviamente tenderían a la vista de todos... Y yo, a modo de peineta, me colocaré un cartel pidiendo su dimisión.

14 de noviembre de 2010

¿Pero sabe leer?


Acaban de salir al mercado las memorias de Bush, sí el que buscó hasta la saciedad esas armas de destrucción masiva que jamás halló. Reconozco que solo he leído las reseñas y resúmenes que hace la prensa, pues no me veo visitando Amazon con la finalidad de hacer un pedido así. ¡Y miren que he comprado a veces cosas inútiles!.
El caso es que los párrafos entresacados por los comentaristas no tienen desperdicio (y les prometo que he le leído periódicos de varios signos ideológicos, si se me permite esta licencia, pues cada vez aprecio menos matices distintivos entre unos y otros). Todos destacan esa naturalidad que entronca con su querencia por poner pies y zapatos encima de las mesas y, al respecto, quien otrora gobernó el mundo dice: “No importa qué imagen tenga la gente de mí. Ya no importa. Y francamente tampoco me importó entonces”. Al leer esto me lo imaginé con el pecho descubierto, encima de una carroza festejando el Día del Orgullo y cantando a voz en grito la canción que escribieron Nacho Canut y Carlos Berlanga cuando se denominaban “Alaska y Dinarama”. Lo siento, una también sufre visiones de cuando en cuando; debe de ser el estrés...
Ahora bien, lo que más me ha asombrado es que George W. Bush se define a sí mismo como un bibliófilo. Apasionado de la lectura, afirma que durante su mandato no paró de ejercitar la vista con páginas y páginas de libros, hasta el punto de haber jugado con uno de sus asesores a eso de “a ver quién lee más”. Le ganó el otro (110 volúmenes contra 95), pero él ostenta los laureles de ser quizá el humano que más biografías de Lincoln se ha tragado: catorce en total. Aunque lo malo de esto es que se ha identificado con don Abraham, hasta el punto de decir “él también fue vilipendiado por la gente, pero se mantuvo firme a sus principios” .  
Ahora díganme ustedes qué tiene en común un presidente que abolió la esclavitud, trató de evitar por todos los medios la Guerra de Secesión y, al término de esta, promulgó medidas de reconciliación nacional vigentes hasta ahora, con ese otro que ordenó invadir países y en cuyo nombre se bombardearon indiscriminadamente miles de kilómetros cuadrados habitados por hombres, mujeres y niños ajenos a esa locura. Díganme, por favor, si se parecen en algo quien ha pasado a la Historia como baluarte de la unidad y de la dignificación de los hombres, pagando con su vida por ello, con quien ideó “limbos jurídicos” como la prisión de Guantánamo y dio manga ancha a sus militares para emplear la tortura en sus interrogatorios.
Creo que está claro y, salvo que alguien opine otra cosa, Bush Jr. no sabe leer.

13 de noviembre de 2010

Episodios sicilianos (V): Cuestión de espacio


Cada vez hay más vehículos. Las calles no son elásticas y no siempre hay plazas de garaje para todos. A este paso, tendremos que llevarnos el coche o la moto a casa.

2 de noviembre de 2010

Para que no me olvides

Desde pequeña he frecuentado los cementerios. En mi familia es costumbre llevar flores a los familiares y allegados que se marcharon y, cuando su partida es reciente, no sólo se visita las tumbas en noviembre, sino en fechas clave o significativas para quien se fue (onomásticas, cumpleaños, etc.). Además, nunca lo hacemos desde la tragedia o el patetismo, sino desde la tranquilidad que da el haber aceptado el propio ritmo de la vida. Confieso que, cuando me adentré en el mundo de las constelaciones familiares (la cosa va de psicología, no piensen en nada esotérico), me di cuenta de que en mi vida también cuentan los que no están. En cierta forma, van conmigo.
Cuando iba con mi padre, nos entreteníamos leyendo epitafios y descubriendo cosas curiosas. Me enseñó que muchas lápidas reflejan la personalidad del difunto y la idiosincrasia de toda su familia.
Ayer me impactó una tumba de 1942 en la que escribieron: “Después de la muerte no hay nada”. Me fijé en que ocupaba una buena parcela de tierra yerma, sin una mala hierba que la habitara. Tampoco había flores, ni rastro de que las hubiera habido en décadas. Me pareció estar ante la profecía cumplida y pensé en que a su habitante el tiempo le había dado la razón: no hay nada a su alrededor. Contrastaba con otros panteones que, aunque solitarios, mostraban marcas de musgo y líquenes o, incluso, albergaban hierbajos de varias clases.
Después de esto, quise reconciliarme con la vida viendo el mausoleo de Nicolás Salmerón. En estos tiempos tan proclives a recordar, me gustaría traer a colación que, allá por 1873, fue presidente de la I República Española y que dimitió de su cargo por negarse a ratificar unas penas de muerte (de militares carlistas condenados por rebelión y sedición). Fue valiente al poner sobre el tapete sus ideales abolicionistas y renunciar por ello a la Jefatura del Estado, máxime en una época en que apenas se cuestionaba la legitimidad de la llamada pena capital.
No sé si habrá algo después de la vida terrenal, pero Salmerón ha dejado su ejemplo…. para el que quiera seguirlo, claro.





29 de octubre de 2010

Esclavos modernos

Dice el Diccionario de la RAE (22ª edición) que esclavitud es la “sujeción excesiva por la cual se ve sometida una persona a otra, o a un trabajo u obligación”. Me resulta curioso observar que, una vez abolida oficialmente de nuestro “primer mundo” esa clarísima forma de abuso, el concepto se expande tanto y se difumina de tal modo que raro es quien, en una u otra fase de su vida, no ha sido esclavo.
¿Qué es, si no, trabajar a turnos que cambian cada día, aumentar unilateralmente las jornadas hasta lo patético, rebajar los salarios por el artículo dieciséis y admitir como única contraoferta el abandono del puesto? Todo esto y mucho más está pasando en nuestro querido mundo occidental. En España, sin ir más lejos, lo abanderan organizaciones privadas y corporaciones públicas a las que, en teoría, deberían repugnarles tales actuaciones. Pero está visto que, en vez de provocarles el vómito (por más que intenten proceder dentro de los parámetros de lo políticamente correcto), les inocula la bastarda alegría y maléfica tranquilidad que dan dividendos y prebendas.
Ante esto, ¿volverá el Capitán Trueno? ¿A nadie le importa saber que tenemos un excelente caldo de cultivo para el ascenso de cosas que nunca jamás deberían volver? Por favor, auxilio; la Humanidad peligra.

21 de octubre de 2010

Borrascas y anticiclones

¿Qué fue de aquellos hombres del tiempo que, ante un mapita con isobaras, señalaban con un puntero los lugares donde se preveía lluvia o granizo? Les bastaban cinco minutos para despejarnos cualquier duda sobre los meteoros que nos visitarían en los días siguientes. Eran señores muy respetados, aunque se equivocaran a veces, pero sobre todo eran claros en sus exposiciones e iban al grano.
Últimamente, las previsiones climatológicas tienen espacio propio en las parrillas de muchos canales televisivos. Disponen de una avanzada tecnología y quienes los conducen parecen preparados..., pero son un tostón. Para enterarme de qué temperatura alcanzaremos en Madrid en las próximas horas, o si lloverá en Burgos, debo empaparme (nunca mejor dicho) de los litros por metro cuadrado que han caído en Castuera, Xirivella, Cebreros o Vargas. 
Ya no hablan del anticiclón de las Azores (¿emigraría tras la foto de Bush and the boys?). También echo de menos la marejada del Golfo de Vizcaya y la marejadilla en aguas del Estrecho, pero en su lugar nos relatan si en Baqueira hay nieve en polvo o si la de Cerler es nieve dura. Ahora hablan de "inversiones térmicas", de "masas de aire caliente liberadas a la atmósfera", nos ponen fotos de  amaneceres en las Lagunas de Ruidera y de atardeceres en Écija. Total que, cuando crees que ya se aproximan los dos segundos y medio que dedican a tu ciudad, el soniquete que utilizan es tan raro y hacen tantos aspavientos (ésa es otra) que, al final, no entiendo qué tiempo va a hacer y, además,  yo me aburro.

20 de octubre de 2010

Retoques


Una de las costumbres más extendidas es la de acicalarse. No existe cultura que se libre: desde que el mundo es mundo, con más o menos profusión según épocas, la gente utiliza pinturas, aceites, polvos y cuantos elementos pueda tener a su alcance para verse más favorecida, para contar con la aprobación de los demás e, incluso, para aparentar lo que no se es.
Creo que no se salva nadie, ni jipis, ni clérigos, ni mendigos, estén a favor o en contra del sistema, pues se me antoja que todos ellos utilizan sus ropas para mostrarle al mundo cierta imagen de sí mismos, normalmente la que más les complace a ellos..., o la que quieren vender.
Pero no sólo se adornan las personas, también hermoseamos a nuestras mascotas y los hay que maquillan cuentas, balances, noticias, encuestas... Parece que la realidad a secas no nos satisface y que necesitamos aún la apacible quietud de los cuentos de hadas. Lo malo es cuando alguno se erige en único contador de historias y trata de imponernos su paleta de colores.

¿Por qué?


Vengo observando, a tenor de la prensa, que muchas personas, tras su paso por hospitales y tratamientos psiquiátricos, acaban suicidándose o atacando a quienes conviven con ellas. ¿Acaso no sirven las terapias utilizadas? ¿Será que sus dolencias no tienen cura? Siempre me he resistido a ser pesimista y prefiero pensar que algún día la medicina dará en el centro de la diana también con los enfermos psíquicos. Ahora bien, ¿cuándo será eso?
Tengo una amiga que toma un cóctel de fármacos diarios para contener su extravío. Lleva  así desde los veintitrés años y ya es una mujer adulta. Me parece mucho tiempo para que su vida se reduzca a contar píldoras y caminar al paso que éstas le permiten. Ni ella ni los que sufren como ella han merecido tan bárbaro destino.

NOTA: Rebuscando entre papeles, he dado con un relato que escribí hace veinte años, más o menos. Empezaba  como transcribo a continuación:

“Laura se despertó con un ruido, como un pequeño golpe que lejanamente le avisara de algún evento. Tras dar la luz, tardó unos instantes en poder vislumbrar con claridad lo que había ante ella, ya que la miopía, unida al súbito despertar, desajustaba sus ojos y hacía que las imágenes aparecieran envueltas en un papel de celofán algo manoseado. A decir la verdad, cuando se incorporó y dirigió la vista al frente, no vio ninguna sangre ni fue consciente de lo que pasaba, pero una vez más su intuición le susurró que aquella Maite que ahora se presentaba en el dormitorio luciendo una hierática imagen, extraña y pálida como nunca la había visto antes y que no emitía sonido alguno, acababa de representar la función más importante de su vida, el acto por el que  -injustamente- sería recordada durante los años venideros.
Cuando al cabo de las horas y ya fuera de peligro, en la sala de urgencias de un hospital cercano a su domicilio, pudo empezar a analizar los acontecimientos, se preguntó una y otra vez de dónde demonios salió la cuchilla, porque en la casa de esas dos mujeres se usaban otros métodos para depilarse. Además, no vivía con ellas ningún hombre y, por otra parte, Maite estaba mucho mejor, según los médicos que una semana antes le habían dado de alta tras su breve paso por un sanatorio psiquiátrico, a causa de una crisis depresiva que le dio el tres de abril. Según los facultativos, ni había una causa objetiva ni un peligro real de suicidio y, sin embargo, aquella noche algo le alertó los sentidos, alterando así las previsiones médicas”.

7 de octubre de 2010

Episodios sicilianos IV: Clase de solfeo


Cada uno a lo suyo: las aves a cantar... con partitura

Vocaciones, predestinaciones y otras tendencias


Me he preguntado muchas veces por qué me dedico a lo que me dedico y no acierto a averiguar el motivo. Quienes me conocen opinan que no puede ser de otra forma, dado mi carácter y “concepción romántica” de la existencia (lo entrecomillo porque, cuando me lo dicen, no sé si se trata de un cumplido o de una ironía... y prefiero no preguntar). Recuerdo el hecho que me disipó cualquier duda sobre la elección de carrera universitaria: el asesinato a sangre fría de unos abogados madrileños. Este aciago acontecimiento fue la señal que inclinó la balanza a favor de querer zambullirme en el piélago de los derechos, las libertades, las normas y todo el sursum corda. Cuando perpetraron la matanza, avanzaba a zancadas la década de los setenta. Yo era una cría, pero se vislumbraba en mí mucho de lo que, como persona adulta, he sido luego. Ahora bien, profesionalmente podría haber sido cantante de orquesta o actriz cómica, cosas para las que siempre he tenido vocación, pero se ve que no estaba predestinada. Y hablando de destino, ¿tendrá algo que ver el que haya nacido bajo el signo de Libra (la balanza) y en un día consagrado a la patrona de los presos? ¿Saben lo que significa mi nombre de pila en germanía o argot lumpen? Pues consulten el diccionario.