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19 de marzo de 2010

Ser marcianos

"Un hombre de la Tierra piensa: 'En ese cuadro no hay realmente color. Un físico puede probar que el color es solo una forma de la materia, un reflejo de la luz, no la realidad misma'. Un marciano, mucho más inteligente, diría: 'Este cuadro es hermoso. Nació de la mano y de la mente de un hombre inspirado. El tema y los colores vienen de la vida. Es una cosa buena" (Ray Bradbury, "CRÓNICAS MARCIANAS")

Racionalizamos mucho, incluso a veces demasiado. Buscamos un porqué en casi todo, hasta el punto de desdeñar aquello que no es aprehensible con la mente. Queremos encontrar un significado hasta en las cosas que, por sí mismas, deberían carecer de ello. Siguiendo con las citas, Carlos Edmundo de Ory tiene unos versos que, más o menos (escribo de memoria) vienen a decir que "la física nuclear no me sirve para comprender por qué lloro por amor".

Seguramente no les falta razón a quienes reducen los sentimientos a meras formulaciones químicas, incluso a déficit de determinados metales, sustancias sanguíneas, presencia de elementos olfativos o enlaces neuronales. Pero pienso que, a fuerza de querer entenderlo todo y que ese todo haya de pasar necesariamente por el tamiz del argumento, el ser humano ha perdido en gran medida la alegría de vivir y, con ello, la capacidad de asombrarse, emocionarse, esperanzarse... En definitiva, participar de las cosas que pasan alrededor.

Si ser marciano pasa por vivir plenamente y respetar lo que me rodea, quiero ser marciana.