5 de junio de 2010

Grandes simios


La especie humana siempre ha tenido bastante de egocéntrica, en el sentido de que nos creemos los reyes del paraíso, los dueños y señores del orbe. Todo gira en torno a nosotros, hasta el punto de que en un tiempo ideamos dioses que imitaban nuestro comportamiento (ahí están Artemisa, Zeus o Afrodita) y luego nos dio por pensar que éramos nosotros los que estábamos hechos a imagen y semejanza suya (el monoteísmo es lo que trajo) Cualquier argumento es propicio, en definitiva, para salir a bailar a la pista a bastante sobraditos, sin atender siquiera a la orquesta, porque es ella la que debe seguirnos y amoldarse a nuestro ritmo.

Cuestiones filosófico-religiosas aparte, quien más quien menos se quiere tanto que se pasea por este mundo sin cuestionarse sus actos, pero, eso sí, poniendo muy a menudo en solfa los del vecino. Creyéndonos los reyes de la creación, hemos diezmado bosques y selvas, aplastado especies animales, agotado acuíferos, variado el paisaje, mudado el clima... Y lo peor de todo es que pensamos que la responsabilidad es ajena.

Mientras tanto, estamos condenando a gorilas, chimpancés y orangutanes a una vida que no buscaron, para que nuestros preciosos simios sapiens arramplen con todo, hasta con los cuatro lirios que el alcalde de Madrid ha puesto en el Manzanares, porque el mono tiene derecho a bañarse donde le dé la gana.



Nota: Hoy es el día mundial del medio ambiente y, aunque soy bastante escéptica respecto a estas conmemoraciones, valga al menos para reflexionar sobre todo lo que va a perderse por la acción directa de las personas.